Realizando
una entrada sobre la sonoridad de Nueva York (inédita aún, algún día la
terminaré, lo prometo…) empecé a hablar de cine, otra de mis grandes pasiones,
y me di cuenta de que una entrada únicamente enfocada sobre ese punto ofrecía
unas posibilidades tan fabulosas y terriblemente atractivas como para que las
desestimara. Así que aquí me tienen, totalmente motivado y dispuesto a dibujar
un mapa con algunos de los rincones más fotogénicos de esta increíble ciudad.
Mapa de NY con algunos de los escenarios que visitaremos en esta entrada marcados.
Sin embargo,
son muchas las dificultades que te asaltan a lo largo de tal relato, siendo la
primera el responder a la pregunta de: ¿por dónde comienzo esta historia sobre
historias? pues son numerosísimas las películas que han optado por esta urbe
como telón de fondo. Obviamente, que esto haya sido posible es debido a que la
escenografía que aporta una ciudad como Nueva York es inigualable y rica en
contrastes. Desde amplias zonas verdes y enormes bloques de edificios literalmente
apilados unos contra otros, hasta opulentas mansiones, pintorescos barrios, populosas
zonas comerciales, además de únicos y característicos ejemplos
arquitectónicos.
Esta
familiaridad con Nueva York por medio del cine motivó que fuesen muchos los
rincones que despertaran mi memoria, a pesar de no haber pisado nunca antes
esta ciudad. ¿Quién no ha visto mil veces el perfil de esta ciudad en la gran y
pequeña pantalla?
Perfil de Nueva York
Nada más
aterrizar, te encuentras con el inmenso J. F. K. Escenario de aquella película en
la que Tom Hanks hacía de un descolocado turista del país ficticio Krakozhia, en donde
había estallado una guerra civil y al que EEUU ya no reconocía como soberano,
ocasionándole todos aquellos quebraderos de cabeza al protagonista.
Una vez ya
en el centro de la ciudad, no hay mejor guía turístico de Nueva York que Woody
Allen, el auténtico embajador de esta urbe en el extranjero. En numerosas
ocasiones, este cineasta ha buscado y encontrado en las entrañas de esta ciudad
la escenografía apropiada para contar sus surrealistas historias. Eso mismo es
lo que sucede, por ejemplo, en Annie
Hall, Hannah y sus hermanas, Misterioso asesinato en Manhattan… Aunque,
obviamente, el film con el que honra más profunda y sinceramente a la gran
manzana es su gran obra Manhattan. Un
poema visual en blanco y negro erigido en honor de esta colosal ciudad, y a la
que la música de Gershwin le ofrece la banda sonora perfecta. Como no podía ser
de otra manera.
Video del prólogo de Manhattan.
Nada mejor para presentar la isla
Otro ejemplo,
aunque obviamente no el más famoso, es el de una de mis películas icónicas: La semilla del diablo (sí, su título en
inglés, al no ser tan gráfico, está mucho mejor, pues no cierra de entrada
posibles interpretaciones del final, pero es lo que sucede con las traducciones).
Este fue el film en el que R. Polanski hizo sus pinitos en el género del terror
psicológico siguiendo la novela de 1967 de Ira Levin. Un libro también genial
que te capta y engulle con total facilidad.
El edificio Dakota en el que se rodó La semilla del diablo, y escenas de Cazafantasmas.
Localizado justo al lado de Central Park.
Y por
supuesto, no podemos hablar de Nueva York sin referirnos a esa inmensa masa
verde que es Central park, corazón rectangular de esta enorme urbe, además de escenario
de copiosas películas. Estas, en su mayoría, han construido en torno suyo una
idea de oasis, tal y como sucede por ejemplo en Kramer contra Kramer, donde hacía de territorio neutral en la pelea
de unos padres (Dustin Hoffman y Meryl Streep) por su hijo. Eso lo hemos aprendido
en el cine y es comprobado desde el momento en que pones un pie en él.
Infinidad de gente tumbada sobre el césped tomando el sol, o jugando al frisbee,
parejas hablando sentadas en aislados bancos cuando ya la luz está menguando,
tal y como sucede habitualmente en el cine, niños trepando bronceadas estatuas...
Descansando en el parque, tal y como luce en el cine.
La laguna central con NY al fondo.
Vista desde Bethesda terrace en Central Park, donde se filmó el final de Los vengadores.
Sin embargo,
también hay películas que rompen con esa paz que recorre las numerosas arterias
que dibujan el mapa topográfico de este parque, las cuales están pobladas por incontables
runners y ciclistas. Un claro ejemplo es Jungla
de cristal 3, en la que Willis y L. Jackson lo atraviesan con un taxi,
ocasionando insultos de los transeúntes, los cuales se salvan in extremis de
ser atropellados. Además, también tienen que resolver un enigma antes de que
estalle una bomba en una de sus fuentes.
Otras
películas que toman a este parque como telón de fondo son Solo en casa 2 y Los
inmortales. Concretamente, en la segunda de estas, aparece el sereno Bow
bridge surcando una de las múltiples lagunas, lugar donde Lambert tuvo una
conversación amistosa con otro de los inmortales. Esa vez, no acabó la cosa con
una cabeza rodando.
Es más, son
muchos otros los espacios de Nueva York que aparecen en estos dos films citados:
El Madison Square Garden, donde a ritmo de Queen unos forzudos entraditos en
carnes se dan una serie de mamporros al principio de los inmortales; y el hotel Plaza y el Radio city Music Hall en Solo en casa 2.
Radio City Music Hall
Hotel plaza a la derecha de la imagen
Otra película
que casi se convierte en un recorrido turístico por gran parte de los rincones
más fotogénicos de la ciudad es Cazafantasmas.
En ella aparecen bellos ejemplos de la arquitectura de Nueva York, desde el
hermoso edificio que alberga a la biblioteca pública, escenario de uno de los
comienzos más jocosos que nos ha dado el séptimo arte (“¡A por ella!”), hasta
la universidad de Columbia, pasando por el Lincoln center y el particular
cuartel de bomberos que sirvió de sede para estos locos investigadores de lo
paranormal.
Fachada de la Biblioteca pública
Interior de la biblioteca, donde casi se ahoga el protagonista de El día de mañana.
Película en la que no
quemaron la obra de Nietzsche.
La preciosa Sala de lectura
Columbus circle, uno de los sitios por donde se dirigió Gozer, también
conocido como Gozer el Gozeriano, Gozer el Destructor, Gozer el Viajante,
Volguus Zildrohar o Señor de Sebouillia.
El entrañable parque de bomberos, sede de los cazafantasmas.
Caminando
por sus vivaces y sonoras calles, hay un edificio que desde su base atrapa tu
atención, obligándote a alzar la vista hacia su imponente y puntiaguda aguja.
El Empire State, que sirvió de escenario para uno de esos momentos inolvidables
que nos ha dejado el cine. Nada más verlo me asaltó la mente la imagen de un
enorme King Kong en blanco y negro trepando por su fachada y peleando contra
unos aviones que le sobrevolaban en círculo. Sin embargo, en la película
que ha sido peor tratado este edificio ha sido en Independence Day, al ser el
epicentro de la destrucción de los extraterrestres en la ciudad de Nueva York.
Empire State dominando desde el cielo.
Una obra de teatro en Broadway nos recuerda el paso de Kong por NY.
Cerca de
aquí encontramos la gran estación central. Una parada obligatoria para todos
los turistas, no solamente los cinéfilos. Sin embargo, en ella los más
nostálgicos podemos recordar ese momento del film de Hitchcock Con
la muerte en los talones.
Su
fachada, coronada por una escultura de nombre La gloria del comercio,
en la que se representa a Minerva, Mercurio y Hércules y a cuyos pies se halla
el afamado reloj Tiffany, da la bienvenida a todo aquel que se adentra en ella.
Park Avenue donde los vengadores se fajaron con los
chitauri
Una
vez en su interior, el espacio sorprende impresionantemente: el Vanderbilt
Hall, una impresionante sala central de reluciente suelo de mármol, que durante
el día refleja la luz que se cuela por los grandes ventanales, y por la noche
la de sus 10 suntuosas lámparas de araña doradas, con unas 110 bombillas cada
una (Ahí me pasé las horas contándolas) además de unos lucernarios laterales. Y
sobre todo ello, como si de una bóveda celeste se tratara, está la bella cúpula
central estrellada, en la que se pintó el zodiaco completo.
Desde
hace un siglo este emblemático reloj de cuatro caras y construido en ópalo ha
sido el punto de encuentro habitual de muchos neoyorquinos, gracias a su rigurosa
exactitud, producto de estar conectado con el reloj atómico del observatorio
naval de Bethesda, en Maryland.
Todo
en esta estación es símbolo de elegancia. Una elegancia que saltó por los aires
(entre otras muchas cosas y edificios) en los
Vengadores, cuando Loki atacó la ciudad respaldado por los Chitauri.
Increíble que estuviese a punto de ser derribada
en la vida real.
Otro de esos
emblemáticos rincones que encendieron nuestra memoria cinéfila fue Times Square,
centro neurálgico de la gran manzana, donde han sido rodadas películas de tanto
renombre como Taxi driver o Vanilla Sky, protagonizadas
respectivamente por un joven Robert De Niro y Tom Cruise. Sin embargo, poco
tiene que ver el Times Square y el Nueva York retratados en 1976 por Martin
Scorsese del que encuentras actualmente. Aquel grotesco y sucio paisaje no
tiene cabida en el s. XXI. Aquel ha tornado en luz y color.
Un Times square más propio de las películas de Spiderman.
Lo mismo
sucede con la película de culto The Warriors,
en la que una banda tiene que realizar una Odisea griega, y superar todas las
adversidades posibles para cruzar Nueva York al completo, desde el Zoo del
Bronx hasta Coney Island. Y créanme, las distancias aquí son enormes, nunca
había estado en una ciudad en la que tuviera que emplear tanto el transporte
público para ir de un sitio a otro. Caminar por ella es como cruzar la Tierra
Media o un campo de futbol de Oliver y Benji.
Un barrio
emblemático y que todo el mundo conoce de nombre es el de Wall Street, llamado
así porque se ubica en el lugar exacto en el que estaba la primigenia muralla
de Nueva York. Actualmente, desde aquí
se fijan los designios del mundo entero, tal y como nos han mostrado películas
como la homónima Wall Street o la más
actual y alocada El lobo de Wall Street.
Wall Street.
Ya
casi para terminar, habría que nombrar un lugar que es un auténtico leitmotiv
en las películas filmadas en Nueva York: El puente de Brooklyn,
que a veces se confunde con el de Queensboro de la película Manhattan, ya visto más arriba en el
video. Este lo hemos podido ver en incontables películas, y desde los ángulos
más diversos, e incluso lo hemos contemplado destruido. Ha aparecido en filmes
ambientados en Nueva York tan diferentes como Érase una vez en América, Fiebre
del sábado noche, Soy leyenda,
Estado de sitio, Wall Street, la versión de Godzilla
de 1998…
Panorámica del puente de Brooklyn.
Puente de Brooklyn desde otra perspectiva.
Y yendo a
uno de los múltiples y espectaculares espacios culturales que posee la Gran
manzana, es de obligada mención el Museo de Historia natural y la película Noche en el museo. Un lugar donde
grandes y pequeños disfrutarán por igual gracias a su cuidada y completa
exposición. Vivirás un recorrido por toda la historia, desde el mundo de los
dinosaurios hasta el momento de los vuelos espaciales.
Fachada del museo de historia natural.
Pensando, pensando
Rex, dan ganas de tirarle un hueso, para ver si lo busca
Como colofón
final, una de las grandes cintas de la historia, el Padrino, también fue grabada en esta ciudad. Por ejemplo, para
el bautizo del nieto de Corleone se empleó el interior de la vieja catedral de
san Patricio, ubicada en la calle Mulberry.
Interior de la Catedral.
Sin embargo,
hay muchas más películas y lugares que me dejo en el tintero, pero es que la
lista es inmensa. Si recuerdas alguna que no he nombrado y pasado por alto, ¡no
dudes en comentarlo!

























No hay comentarios:
Publicar un comentario