Enclavada entre el río
Mosa y los pequeños macizos rocosos de las Ardenas, que realizan la función de
protector natural, se encuentra una de esas localidades que se te quedan
grabadas para siempre en la retina. Dinant, en pleno corazón de Valonia, región
en la que hallarás los parajes más bucólicos y rústicos de Bélgica e,
injustificadamente, olvidada por el turista en favor de la Flamenca, su vecina
más urbanita e industrializada. Regiones que señalan sobre el mapa la dualidad
de este país europeo.
Al ir acercándote a
esta pequeña ciudad, a través de una carretera que recorre la ribera del
cristalino río, lo primero que resalta en su silueta es el campanario de la Colegiata
de Notre-Dame, que se alza justo en el centro de esta entrañable localidad
belga, y está coronado por una característica cúpula en forma de bulbo.
Las
afueras de Dinant, recorriendo la carretera de la ribera del río Mosa
Vista
de la fachada de la colegiata desde su base
Gracias a su altura compite
con el sólido peñón rocoso que se halla a su espalda, escenario perfecto para
el conjunto arquitectónico, y con el que entabla un juego dialéctico entre naturaleza
y artificio que capta tu atención y te deslumbra con su atractivo.
Esta colegiata está
realizada en un brillante estilo gótico, sus amplias vidrieras entre otras
características la delatan, aunque aún posee un pórtico en estilo románico,
recuerdo de su anterior edificación, que fue dañada gravemente por un desprendimiento
del macizo que le ocasionó gravísimos daños e hizo peligrar el global de su
estructura, teniendo que ser finalmente demolida y reconstruida.
Nave
central de la colegiata
Presbiterio
con sus hermosas vidrieras del deambulatorio
Una
de las vidrieras
Detrás de la Colegiata
se encuentran las dos formas de acceder a la cima del macizo (en teleférico o,
para los que están en mejor forma física, por unas escaleras de más de 400
peldaños) y con ello a la ciudadela o bastión que allí se halla, donde podrás
ver una panorámica completa de la región con el serpenteante río en medio,
además de un museo histórico de armas militares.
Sin embargo, para conseguir
la mejor postal de Dinant hay que volver a bajar y cruzar el puente que está
justo enfrente de la Colegiata, en el que empezarás a apreciar el porqué de mi
elección de esta ciudad para realizar una entrada musical. Y es que en él,
además de en otros rincones algo más escondidos de la ciudad, hay una colorida
exposición de saxofones realizados por Rafael López Garcinuño con motivo de la
celebración del Europa Sax, en el año 2010.
Vista
del río Mosa desde el puente
Uno
de los saxofones que está sobre el puente
Otro
de los saxofones que está sobre el puente
Un vez cruzado el
puente, camina un poco a mano derecha, detente y date la vuelta, pues desde ese
punto es de donde sacarás la mejor panorámica de la ciudad, con colegiata, río,
peñón, ciudadela y arquitectura urbana incluida. Además, justamente en este
punto está la oficina de información turística.
Panorámica
de Dinant
Una vez presentado el
hermoso semblante de esta ciudad belga nos dirigimos hacia la casa del hijo más
famoso de esta localidad. Para ello volvemos hacia la colegiata y giramos hacia
la izquierda por la calle principal (no tiene pérdida, tampoco es que haya
muchas) hasta que lleguemos a un banco en el que reposa la escultura de un
señor realizada por Jean-Marie Mathot. Este es Adolphe Sax, quien además, como
seña indicativa y característica, tiene un saxofón en su regazo.
Escultura
de Adolphe Sax sentado con su saxofón
Justo detrás se encuentra
la Maison Sax, la casa donde nació
y vivió este genio e inventor de instrumentos musicales del siglo XIX. Su logro
más grandioso dentro de este campo fue la creación de ese instrumento que tan ampliamente
se ha divulgado en lo que es la música jazz: el saxofón, que etimológicamente
viene a significar el sonido («φωνος phonos» en griego
antiguo) de Sax.
Charlie Parker y Coleman Hawkins improvisando
El propio Sax explica,
en la patente del instrumento, por qué lo ideó:
“Los únicos
instrumentos que producen un efecto satisfactorio al aire libre son los de
viento madera y viento metal; un conjunto formado por estos instrumentos es por
tanto el único que puede ser empleado en tales circunstancias. Acuciado por
tales desventajas, he tratado de resolver el problema creando un instrumento
cuyo timbre se acerque al de un instrumento de cuerda para que tenga más fuerza
e intensidad que ellos. Este instrumento es el saxofón”.
En la actualidad, esta
casa alberga el Museo del Saxofón,
un pequeño espacio dedicado a la historia y sonido del saxofón y de su genial
inventor. Sin embargo, la exposición, a pesar de estar realizada de forma
moderna, atractiva y original, es bastante escueta, aunque al menos, eso sí, es
gratuita. Esta consta prácticamente de dos salas anexas con un recorrido
dibujado en el suelo en forma de saxofón, en el que las llaves hacen las veces
de asiento.
Interior
del museo del saxofón
Además, la exposición
la completan numerosos ejemplos sonoros que accionas apretando un botón y que
salen por distintos pabellones dispuestos estéticamente en las paredes, y paneles
con frases de distintos autores como Sartre y Berlioz en las que hablan sobre
el saxofón y su peculiar sonido.
“Es un instrumento
grande con un registro grave hecho de metal e inventado por Adolphe Sax, a
quien debe su nombre. Su timbre tiene algo de angustiante y penoso en su
registro agudo; sus notas graves son, sin embargo, grandiosas hasta el punto de
la solemnidad”. Berlioz.
Los
pabellones por los que sale el sonido
Un
saxofón en el suelo, en la pared el dibujo que figura en la patente del saxofón
y en la otra pared un dibujo de otro de sus instrumentos: la tuba Sax
Sin embargo, fueron
muchos los otros inventos o mejoras en instrumentos que realizó este genio
belga. Es más, si alguna vez visitas un museo de instrumentos musicales,
seguramente, puedas maravillarte con alguna de sus fantásticas creaciones, que
en algunos momentos llegan incluso a rozar el surrealismo.
Una vez fuera del museo, Dinant se convierte en una
ciudad perfecta para dar pequeños y lentos paseos nocturnos, pues aquí el
tiempo no corre, solamente fluye o, más bien, se arrulla al ritmo en que se
mece el río Mosa.
Paseando
por la ribera del río Mosa
Paseando
por la noche en Dinant
Solo
se escucha el eco de nuestros pasos sobre la sólida piedra
También puedes perderte
por las calles de la ciudad en busca de los otros saxofones que están esparcidos
por sus diferentes rincones.
Buscando
más saxofones desperdigados por la ciudad
Las
oficinas del ayuntamiento con un saxofón transparente en el centro de su plaza
También los más cerveceros tienen un rincón para ellos, pues aquí,
concretamente en la Abadía de Nuestra Señora de Leffe, es
donde se elabora la famosa cerveza artesanal Leffe.
Y
ya, para irse al hotel y tomar fuerzas para el día siguiente, un Cécémel
calentito
Y ya nos despedimos de
esta encantadora ciudad mostrándoles sus barrios más alejados del centro, que,
absortos ante su bello reflejo, no tienen nada que envidiarle al casco
histórico.
¿Alguien conocía ya a esta entrañable ciudad y a su
habitante más famoso?
























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