viernes, 23 de febrero de 2018

Portbou, un réquiem en memoria de Walter Benjamin.



 
I. INTROITUS: Walter Benjamin 
En un pequeño pueblo turístico de la Costa Brava, puente de confluencia entre España y Francia, descansan los restos mortales de una de las mentes más preclaras y atractivas del siglo XX: el judío berlinés Walter Benjamin, quien, aunque haya muerto en esta localidad durante el verano de 1940, aún su obra mantiene, tristemente, una contundente actualidad al constituir un monumento al recuerdo de las vidas que corren al margen de la terrible corriente del progreso y de la historia, vidas sepultadas bajo el abrumador y rítmico paso de las botas militares, que desfilan por calles adoquinadas con los cráneos de los vencidos. 
“Todo aquel que hasta el presente día logró la victoria marcha en el desfile triunfal que conduce a los hoy dominadores por encima de quienes hoy yacen por tierra”. W. Benjamin
                                                                           
Walter Benjamin

II. KYRIE: Portbou
Abierto al mar Mediterráneo se encuentra este pequeño pueblo fronterizo de cielo azul y casas color tierra. Hoy poco tiene que ver con aquel al que Benjamin llegara y pasara sus últimas horas de vida. Aunque aún son visibles, en ciertos rincones, las últimas huellas de una desgastadora guerra civil y de la escasez acaecida en los años de la posguerra. Incluso agazapados entre las rocas, todavía se pueden hallar bunkers de alguna antigua línea defensiva, destinada a blindar la frontera pirenaica y así evitar posibles ataques. Ejemplos de estas estructuras se encuentran en la cercana playa de Tres Platgetes.
Poco puedo decir de la atmósfera que se respira en este pueblo en su época álgida, el verano, cuando sus playas sirvan de reclamo a los bañistas que buscan escapar del agobiante sol de agosto. Pero sí puedo hablar de su invierno, frío, aunque no en demasía, y lo suficientemente silencioso como para poder disfrutar, sentado a orillas del mar y con la mirada en el infinito horizonte, del hipnotizador entrechocar de las piedras en la marea. En la playa grande, frente al puerto deportivo y protegida por una bahía natural,  varios llaguts catalanes nos recuerdan el pasado pesquero del pueblo; sin embargo, hoy día, estos, más bien, son tripulados por veraneantes que los emplean en sus recreativos paseos por la costa. 
Caminando por sus calles, se tiene la sensación de que el pueblo se halla anclado en el tiempo, como si se tratara de una de esas pequeñas barcazas que simplemente se mecen con el oleaje, pero que en realidad no van a ninguna parte. La razón de esta atemporalidad es la especial situación de su enclave, un valle limitado tanto por el mar como por la montaña, hecho que ha frenado la construcción excesiva. Así, Portbou sigue pequeño y rodeado de naturaleza, un destino tranquilo, idóneo para caminar entre senderos, reflexionar, leer y, como no, disfrutar de la musicalidad de este cuasi recóndito paraje. 



Panorámica de Portbou tomada desde el cementerio

El Mar Mediterráneo adentrándose en la bahía de Portbou, visto desde la Playa Grande

Portbou

III. GRADUALE: París de los años 30
Situémonos en los años previos de este periplo que emprendió Walter con el objetivo de salvar la vida en un momento en el que la esperanza había abandonado el mundo, y dominaba el pánico que despertaban las sombras y el bramido de los Stuka alemanes, trompetas de Jericó que derribaban los muros con su tañido. 
En esos años previos a la catástrofe, artistas, pensadores, vividores, escritores, burgueses… todos ellos poblaban, en un auténtico y fértil crisol intelectual, los cafés y clubs de la capital francesa, por ese entonces, gracias en parte a su atmósfera musical, una de las ciudades más vibrantes del orbe. Sugerentes melodías de acordeón nos ayudan a transportarnos hasta esa bucólica y bohemia época de hedonismo y desenfreno. 

 Rollo de piano con Lee S. Roberts: “Parisian Nights” waltz

IV. TRACTUS: El proyecto de los pasajes. 
En tan insinuante ambiente y escenario se adentró el filósofo judío para gestar la que proyectaba ser su obra cumbre y en la que trabajó a lo largo de trece años, desde 1927 hasta su muerte en 1940. Este iba a ser un libro sobre París, el llamado Libro de los Pasajes, que proyectaba una filosofía material de la historia del siglo XIX, cuya idea principal se hallaría en la interpolación de lo minúsculo, de los pequeños y particulares momentos, a partir de lo cual se descubriría el acontecimiento histórico total. Durante esos trece años, Benjamin acumuló los materiales de lo que más tarde sería un enorme rompecabezas, un mapa estelar inconcluso de los fenómenos sociales del mundo moderno que cartografiaría desde las ensoñaciones arquitectónicas de Haussmann y la publicidad, hasta la figura del flâneur y todo tipo de rarezas que formaban parte de un entramado prácticamente invisible para los investigadores de su época. Sin embargo, esta obra no es un mero compendio de brillantes aforismos e inquietantes fragmentos, sino una extraordinaria red de pistas y testimonios que revelan la clara aspiración por renovar los instrumentos y métodos para investigar la historia, para poder peinarla a contrapelo, tal y como diría el berlinés. Benjamin se planteó como meta el reconocer el edificio de la sociedad burguesa mediante cada una de las partículas con que estaba construido, dando a luz una arqueología atípica que prescindiera de la ruina, o, más bien, que se anticipara a ella, para entender y prefigurar su desmoronamiento.
“Quien trate de acercarse a su propio pasado debe comportarse como un hombre que cava [...] Pues los estados de las cosas son sólo almacenamientos, capas, que sólo después de la más cuidadosa exploración, entregan lo que son los auténticos valores que se esconden en el interior de la tierra”. W. Benjamin.

Portada del Libro de los Pasajes

V. SECUENCIA:

1. Dies irae: La epopeya 
La particular odisea de Benjamin comenzó en París y duró unos tres meses aproximadamente, durante este tiempo recorrió miles de kilómetros por un territorio que le era hostil. Largas jornadas entre lodo y tierra seca. Lentas travesías mermando un espíritu fuerte pero enclaustrado en un pobre y ya cansado cascarón. Pies doloridos dentro de zapatos raídos. Pequeñas huellas en un campo enfangado, borradas por el infinito rodar de las orugas de la maquinaria bélica.

2. Tuba mirum: la frontera 
Tras haber salido de la localidad francesa de Port Vendres y guiado por la activista antinazi Lisa Fittko, quien llegó a narrar esta experiencia en un capítulo de su libro Mi travesía de los Pirineos, que dedicó al filósofo judío. La compañía la completaban la señora Henny Gurland, futura esposa de Erich Fromm, y su hijo, además de tres mujeres que se habían unido a ellos durante el camino, con el mismo propósito de cruzar la frontera. Al atardecer del 25 de septiembre de 1940, este heterogéneo grupo llegó a Portbou, donde, tras cruzar la frontera francesa de forma ilegal por no tener un permiso de salida, fueron interceptados por la policía española. A pesar de los esfuerzos de su amigo y compañero de batallas intelectuales Theodor Adorno, quien le había ayudado a obtener las visas de tránsito por España y de entrada a Estados Unidos, país en que le esperaba, Benjamin no pudo obtener el permiso francés de salida del país galo. 

3. Rex tremendae: la senda
Volviendo al presente Pourtbou, los visitantes más aventureros y con más energía de esta pequeña población pueden aventurarse a seguir los pasos del filósofo en su entrada a España, pues existen varias pistas de senderismo bien señalizadas; pero, si te animas a realizarlas, recuerda llevar contigo una gorra, pues la flora en esta zona es baja y, por lo tanto, la sombra escasea. Esta ruta transfronteriza recrea la que Walter siguió en su huida de la persecución antisemita desde Banyuls, a través del paso de Rumpissa o Rumpisó, en la montaña de Querroig. Desde septiembre de 2009, la ruta está acondicionada y señalizada en su totalidad, y la completan unos 7 km de sendero.

 Portbou visto desde Francia

4. Recordare: las últimas horas de Benjamin 
Interceptados y retenidos por la policía en un hotel llamado França de este pequeño puerto fronterizo español, con los ánimos mellados por el terrible cansancio de jornadas eternas y la incertidumbre por un futuro incierto, Benjamin, en la soledad de las cuatro paredes de una triste habitación, recapacitó y estudió las posibilidades y salidas que poseía ante tan complicada situación. 

5. Confutatis: la muerte del filósofo 
El 26 de septiembre de 1940, Walter toma su última decisión influenciado por el terror de ser deportado de nuevo a Francia y caer en manos de la temible Gestapo. Ese hecho, junto al agravante de su origen judío, le hizo ingerir una dosis letal de morfina, acto que refleja perfectamente las últimas palabras que profirió, las cuales, citaban a Kafka: “hay muchísima esperanza, pero no para nosotros”. 

               Placa que señaliza el lugar donde murió el filósofo

6. Lacrimosa: el cementerio  
El cuerpo sin vida fue llevado al cementerio local de Portbou, que se encuentra enclavado en una de las colinas que rodea la villa. Su altura hace de él un punto de observación idóneo desde donde contemplar el lento pasar del tiempo y reflexionar sobre la vulnerabilidad y fragmentariedad. En la soledad, con la única compañía del viento Tramontante que, desde las montañas, golpea nuestra cara y con unos pensamientos enmarcados por la horizontalidad del Mediterráneo, solamente perturbada por una bahía que se alza orgullosa desde el lecho marino con el único propósito de resistir, eternamente, el infinito envite de las olas, nuestro ser puede llegar a sentir un sutil embelesamiento que llega a su cenit en la puesta de sol, momento en el que la belleza del paraje se ve multiplicada por los tonos rojizos que se superponen ante nuestros ojos. Todo ello hace de este paraje un lugar idóneo para disfrutar del abanico de colores, de la musicalidad de la naturaleza y de una profunda reflexión que te lleve ante la otredad desamparada.

Calma e infinitud

  
Entrada al cementerio de Portbou

A tal pintoresco lugar fue a donde los compañeros de viaje del filósofo llevaron su cuerpo inerte y donde tuvieron que pagar por el alquiler del nicho 563. Durante cinco años, Walter pasó allí su descanso eterno, hasta que el tiempo del alquiler venció y fue trasladado al osario del mismo cementerio. En el certificado de defunción figura el nombre de Benjamín Walter, fallecido a causa de un aneurisma cerebral, lo que según Linhard posibilitó que un cementerio católico acogiese los restos del pensador germano, evitando complicaciones burocráticas. 
En 1979, casi cuarenta años después de su muerte, la colocación de una placa en el cementerio constituyó el primer acto de homenaje a un, hasta ese entonces, olvidado Walter Benjamin.

Placa conmemorativa en la entrada al cementerio de Portbou

7. Ingemisco: la tumba
En la actualidad, ya sobrepasado ese tiempo de anonimato y abandono al que fue circunscrita su memoria en esta población, se alza una tumba vacía en honor al intelectual, eterno símbolo al olvido de las anónimas personas que cruzan fronteras huyendo de la muerte. Esta sencilla estructura, constituida por una piedra canela con una pequeña placa de mármol negro en la que está grabado, a cincel y martillo, su nombre, además de una inquietante frase de sus tesis sobre historia:
“es ist niemals ein Dokument der Kultur, ohne zugleich ein solches der Barbarei zu sein”. 
“No hay documento de la cultura que no sea, a la vez, de la barbarie”
           
VI. Offertorium

1. Domine Iesu christe: el memorial
Si pocas eran las virtudes del escenario donde se edificó el camposanto, este, además, posee un monumento en memoria del filósofo. Realizado por el artista judío Dani Karavan quien, utilizando formas abstractas y en íntima relación con la áspera naturaleza del Pirineo gerundense, inserta en el paisaje un símbolo que permite acercarse a la situación de amenaza existencial vivida por los emigrantes, personas totalmente expuestas ante la crueldad. Este extraordinario escultor, famoso por conseguir que sus obras se integren en el paisaje, logra con este memorial, llamado Pasajes en honor a ese escrito en el que Walter estaba trabajando cuando murió, una simbiosis entre la tierra y el  producto de sus manos, que el mundo se aparezca, que se mundanice. Situado al borde de un acantilado, una fría estructura metálica, enraizada en la dura piedra, sobresale para servir de portal hacia el mar. Con ese camino hacia el inframundo que Karavan abrió, quiso reflejar la experiencia del final de la vida de Benjamin. Al fondo de esta escalera que se dirige a las entrañas de la tierra, un trasparente cristal permite contemplar cómo las olas, tan cercanas como inaccesibles, rompen contra la pared natural de piedra, y se lee otra de esas frases lapidarias del filósofo berlinés:  
“Es una tarea más ardua honrar la memoria de los seres humanos anónimos que no la de las personas célebres. La construcción histórica se consagra a la memoria de aquellos que no tienen nombre”.
Su inauguración tuvo lugar en 1994 y a ella asistió la propia Lisa Fittko, la activista que acompañó a Walter Benjamin y a otros refugiados a cruzar la frontera por los Pirineos. 

El portal que comunica con el reino de Hades

Las escaleras hacia el inframundo

 Las olas rompiendo al fondo


2. Hostias: la iglesia de Santa María de Portbou
Sobre la colina enfrentada a la del cementerio se alza el edificio más monumental de este pequeño pueblo pesquero, una iglesia de estilo neogótico, que data de finales del siglo XIX. Su fachada está decorada por un colorido rosetón, una entrada coronada por la imagen de la virgen bajo un dosel y entre dos ángeles; además, unos relieves, entre los que destacan las herméticas figuras de un Sol y una Luna, completan los ornamentos frontales. ¿Por qué? ¿Qué misterio encierra esta imaginería pagana de tiempos remotos?
La torre, no adosada al edificio central, se alza orgullosa con una planta octogonal cuyo piso superior de arcos apuntados es rematado por una gran cruz de hierro que extiende su sombra sobre las calles de Portbou.

Iglesia de Santa María de Portbou

VII. Sanctus: paneles informativos 
En las calles de Portbou existen unos paneles informativos que narran algunos hechos sobre la vida de Benjamin y forman un recorrido urbano a través de los escenarios en los que el pensador vivió sus últimas horas: la estación internacional de ferrocarril, el hostal França, donde murió, la avenida de Barcelona, el cementerio de la población, donde se halla su tumba y el monumento que el escultor Dani Karavan construyó en su memoria.

Walter Benjamin y el Portbou de 1940

 Walter Benjamin hacia la libertad

La Fonda Francia, lugar de reclusión

Avenida Barcelona, un lugar perfecto para el olvidado arte del caminar

VIII. Benedictus: la suerte que corrieron sus compañeros 
Pocos días después de la muerte de Benjamin, las autoridades españolas levantaron la restricción a las visas obtenidas en Marsella sin visado de salida, como la que Benjamin poseía. Gracias a ello, otros compañeros de viaje en sus mismas circunstancias, como la fotógrafa Henny Gurland y su hijo, Carina Birman y Sophie Lipmann, consiguieron pasar por España y llegar a Lisboa. 

IX. Agnus dei
Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. Representa un ángel que parece a punto de alejarse de algo a lo que mira atónito. Tiene los ojos desorbitados, la boca abierta y las alas extendidas. El Ángel de la Historia debe de ser parecido. Ha vuelto su rostro hacia el pasado. Donde ante nosotros aparece una cadena de acaecimientos él ve una única catástrofe que acumula sin cesar ruinas y más ruinas y se las vuelca a los pies. Querría demorarse, despertar a los muertos y componer el destrozo. Pero del Paraíso sopla un vendaval que se le ha enredado en las alas y es tan fuerte que el Ángel no puede ya cerrarlas. El vendaval le empuja imparable hacia el futuro al que él vuelve la espalda, mientras el cúmulo de ruinas ante él crece hacia el cielo. Ese vendaval es lo que nosotros llamamos progreso”. W. Benjamin

Paul Klee: Angelus Novus

X. Communio: las jornadas Walter Benjamin en Portbou 
Su recuerdo está más presente que nunca en Portbou. Todos los años, en septiembre y conmemorando el aniversario de la muerte del filósofo, se organizan unas jornadas con distintos especialistas sobre cultura y pensamiento que analizan la sociedad y política contemporánea a partir de la obra benjaminiana. En el plano académico su memoria está muy presente, pero este no ha revertido en quienes escriben la historia; estos últimos siguen empleando la sangre como tinta para dibujar, sobre las ruinas, sus propias τοπíα.

sábado, 3 de febrero de 2018

Leipzig, una ciudad consagrada a la música académica (II)



Con este post continuamos con nuestro periplo por la ciudad de Leipzig recorriendo la ruta del Notenspur. Aquí puedes leer su comienzo: Leipzig I

8) Seguimos nuestro camino unos 350 metros al oeste por Kreuz strasse para llegar al Grafisches Viertel (el barrio gráfico), corazón de la importante industria editorial de Leipzig, y más concretamente de la musical, al albergar tres de las grandes e históricas editoriales centradas en dicho campo:
a) Breitkopf: La institución especializada en el ámbito musical más antigua del mundo, consiguiendo dicho record gracias a haber sido fundada en 1719 por Bernhard Christoph Breitkopf. Más tarde, en 1795, esta editorial pasó a llamarse Breitkopf & Härtel, cuando Gottfried Christoph Härtel se hizo cargo de ella. Bajo esta firma, publicaron obras muchos de los autores de mayor renombre de la época: Ludwig van Beethoven, Felix Mendelssohn Bartholdy, Robert Schumann, Franz Liszt y Richard Wagner, entre otros.
b) La editorial C.F. Peters, de la que ya hablamos en una parada anterior. (Véase la nº4)
c) La Friedrich Hofmeister Musikverlag, que data de 1807 y lleva el nombre de su fundador: Hofmeister, quien aprendió su oficio en Breitkopf & Härtel. Bajo esta firma, publicaron sus primeros trabajos Robert Schumann y Clara Wieck, así como compositores menos conocidos, tales como Ignaz Moscheles y Heinrich Marschner.
Todas ellas siguen activas y han sobrevivido a pesar de las grandes dificultades que han encontrado a lo largo del siglo XX a causa de las guerras y del gobierno socialista de la RDA.Además de estas tres sucursales principales, existieron muchas otras instituciones que desempeñaron un papel activo en la evolución de la publicación musical en Leipzig hasta bien entrado el siglo XX. Pero, desgraciadamente, durante la Segunda Guerra Mundial este emblemático barrio fue casi destruido por los bombardeos que sufrió la ciudad. Además, el posterior advenimiento de la era socialista en Alemania del Este en 1949, no fue positivo para esta industria, y condujo a que numerosos editores tuvieran que migrar al oeste.
Sin embargo, aún existe un lugar en el que se puede respirar el peso que tuvo y aún sigue teniendo Leipzig en el mundo editorial: el museo del libro alemán; aunque para llegar a él tendríamos que desviarnos de la ruta que estamos siguiendo y dirigirnos hacia Deutscher Platz, que se encuentra algo alejado del casco histórico, pero la visita merece la pena, pues se trata de un lugar que cualquier amante de los libros debería visitar y al que, obviamente, no me pude resistir. Así que vamos a hacer un breve paréntesis de esta ruta para acercarnos a la exhibición que contiene este museo. 
Algo que hace a esta parada doblemente recomendable es que, al ser parte de la Biblioteca Nacional Alemana, se puede acceder a él de forma totalmente gratuita. En su exposición lo que encontraremos es la presentación del mundo de los libros desde un gran número y variedad de ángulos: desde una perspectiva que trabaja el intrincado tema del contenido mismo de los libros, hasta la de su producción, diseño y edición, además de tratar el tema de la censura durante distintas épocas de la historia. Y todo ello por medio de bellas fuentes literarias de gran valor.

 Precioso ejemplar de manuscrito negro, fabricado con pergaminos teñidos de negro y escrito con tinta de oro y plata.

Todas las herramientas y materiales necesarios en un scriptorium

Modelo de la imprenta de Gutenberg.

Ejemplar y modelo de Copérnico: De Revolutionibus Orbium Coelestium, donde desarrolló la teoría matemática que permite realizar cálculos planetarios basados en el sistema heliocéntrico.


Ejemplar de Sebastian Münster: der Cosmographia, abierto por la página con la ilustración Europa regina.

 
9) Seguimos la misma dirección unos 360 m, hasta llegar al Oberer Park, que se ubica detrás de la Casa de la Ópera. En él, y casi a orillas de un estanque, hallaremos el memorial del compositor de mayor fama mundial nacido en Leipzig: Richard Wagner, cuya esfinge vigila, con ceño serio e impasible, las tranquilas aguas en espera de que la mano de la dama surja desde las profundidades marinas portando la poderosa espada.
Este monumento lo conforman un busto del compositor, fabricado en bronce a partir de una obra del artista local Max Klinger, que, con sus 96 cm, corona un sencillo bloque de piedra arenisca al que se le ha grabado a fuerza de cincel y martillo su nombre. Este monumento fue inaugurado el 7 de febrero de 1983, aún bajo el contexto de la RDA, año en el que se cumplían el 170º aniversario de su nacimiento y el centenario de su muerte. Con él se alzó el primer monumento público en honor a Wagner en su ciudad natal, constituyendo una de las pocas huellas físicas que, a día de hoy se pueden encontrar en Leipzig, pues, desafortunadamente, y a pesar de la gran relevancia de la figura del compositor alemán en el plano de la música académica occidental, son pocas las señas supervivientes de su paso por la ciudad, pues ni siquiera ha sobrevivido ninguna de las casas en las que habitó, ya que en 1886, el edificio donde nació, junto a otros en los que vivió, fue derribado para dar paso al desarrollo urbanístico del solar y de la ciudad. Asimismo, las que quedaron en pie por ese entonces, fueron devastadas por la guerra, sucumbiendo bajo las bombas de los Aliados durante los bombardeos de 1943-44.

 Richard Wagner escuchando los sonidos de la ciudad

10) Desde la parada anterior ya se podía observar, en la lejanía, la que nos toca visitar ahora, que se encuentra a 230m en dirección sur hacia la esquina contraria desde donde comenzamos nuestra andadura en August platz. Aquí nos hallaremos frente al esplendoroso edificio de la Ópera de Leipzig, justamente donde anteriormente se había emplazado, desde 1868, el Neues Theater (Teatro Nuevo), destruido en 1943, y al cual la actual edificación le levanta un homenaje arquitectónico gracias a los elementos de estilo clásico tardío que contienen su fachada.
No es de extrañar que el memorial de Wagner se halle tan cerca de este enclave, pues ambos sostienen una relación simbiótica a lo largo de la historia. Señales de este vínculo son que, por ejemplo, el Neues Theater fue donde, por primera vez (1878), se programó una representación completa del ciclo El anillo de los Nibelungos fuera de Bayreuth. Además, su última producción, antes de que el fuego la destruyera en 1943, fue también  una obra de Richard, compositor que no había dejado de estar presente dentro de los programas de las distintas temporadas operísticas. Pero este nexo va más allá y refleja la presencia del alemán en la vida musical de su ciudad natal, pues en la celebración de la finalización de las obras de la actual casa de la Ópera, acometida en otoño de 1960 tras cuatro años de trabajos, se realizó una representación de Die Meistersinger von Nürnberg, dirigida por Joachim Herz.

 La elegante y sobria fachada de la Casa de la Ópera

11) Caminamos dirección oeste unos 310m, para llegar a la vieja escuela de san Nicolás, donde estudiaron en su juventud, con distinto grado de éxito, algunos de los personajes más relevantes de la ciudad, como por ejemplo Richard Wagner, quien cosechó unos pobres resultados, y Leibniz, reconocido por muchos como el último gran genio universal por abarcar un gran compendio de disciplinas tan diferenciadas como la filosofía, las matemáticas, la teología, la lógica y la política, entre otras.

12) Justo en frente de la escuela, podemos contemplar la iglesia de San Nicolás, una de las dos que estuvieron relacionadas con la figura del grandísimo J. S. Bach, y que aún se mantienen en pie. Sus orígenes se remontan hasta 1165, época en la que Leipzig fue fundada, y en la que fue erigida con un estilo románico, que posteriormente, a principios del siglo XVI, fue restaurado y ampliado dándole el aspecto actual, que pertenece al gótico tardío. 

 Exteriores de la iglesia de san Nicolás.

Para sumarle aún más eclecticismo a este crisol, su interior fue remodelado en 1794 por el arquitecto alemán Johann Carl Friedrich Dauthe, quien siguió una línea neoclásica, otorgándole a esta iglesia su característico y luminoso interior, en el que resalta la columnata con motivos florales en su capitel.

 Fotografía en la que se puede apreciar el característico interior de san Nicolás, con sus tonos pastel, y el busto conmemorativo de J.S. Bach

Esta iglesia fue el escenario de la mayoría de las cantatas que dirigió el propio J.S. Bach; siendo además, sus muros y feligreses, los testigos de las primeras representaciones de dos de sus obras maestras más importantes: la Pasión según San Juan en 1724 y el Oratorio de Navidad durante el período festivo de 1734/35.
Dentro, la mirada es atraída hacia el órgano de iglesia, construido por Hermann Eule entre 2002 y 2003, pero basándose en aquel instrumento original que había nacido de las manos de Friedrich Ladegast en 1862, uno de los mejores ejemplos de órgano del estilo romántico europeo, y el cual, además, había jugado un papel importante, durante la segunda mitad del siglo XIX, en la inclinación hacia una interpretación romántica de las obras de órgano de Bach. 

 El órgano de la iglesia san Nicolás 

Por otro lado, y como resultado de las "Plegarias por la paz", que se llevaron a cabo todos los lunes a las 5 p.m., Nikolaikirche se convirtió en el origen de la Revolución pacífica de 1989 y, posteriormente, un emblema de la reunificación alemana.

12 bis) Antes de llegar a la siguiente parada encontramos un rincón precioso y encantador presidido por un memorial del escritor más importante de la cultura alemana, que no es otro sino Johann Wolfgang von Goethe, donde realizamos un alto en el camino y disfrutamos de las numerosas cafeterías y terrazas que circuvalan esta entrañable plaza. Su estatua constituye el centro del foco visual del emplazamiento, que tiene como de telón de fondo al antiguo mercado de valores, un lustroso edificio que combina el barroco holandés e italiano, lo que lo convierte en una joya muy especial de la arquitectura de Leipzig. De su fachada destaca la suntuosa escalera de dos brazos, sobre la que dos niños alados, uno con un bastón de Mercurio, sostienen el escudo de armas de la ciudad.

 Goethe observando a los viandantes desde las alturas

El antiguo mercado de valores que le sirve de fondo de escenario al memorial de Goethe.
 
Poema de Goethe inspirado en una leyenda danesa
Erlkönig
Wer reitet so spät durch Nacht und Wind?
Es ist der Vater mit seinem Kind;
Er hat den Knaben wohl in dem Arm,
Er faßt ihn sicher, er hält ihn warm.

Mein Sohn, was birgst du so bang dein Gesicht?
Siehst, Vater, du den Erlkönig nicht?
Den Erlenkönig mit Kron und Schweif?
Mein Sohn, es ist ein Nebelstreif.

Du liebes Kind, komm, geh mit mir!
Gar schöne Spiele spiel' ich mit dir;
Manch' bunte Blumen sind an dem Strand,
Meine Mutter hat manch gülden Gewand.

Mein Vater, mein Vater, und hörest du nicht,
Was Erlenkönig mir leise verspricht?
Sei ruhig, bleibe ruhig, mein Kind;
In dürren Blättern säuselt der Wind.

Willst, feiner Knabe, du mit mir gehn?
Meine Töchter sollen dich warten schön;
Meine Töchter führen den nächtlichen Reihn,
Und wiegen und tanzen und singen dich ein.

Mein Vater, mein Vater, und siehst du nicht dort
Erlkönigs Töchter am düstern Ort?
Mein Sohn, mein Sohn, ich seh es genau:
Es scheinen die alten Weiden so grau.

Ich liebe dich, mich reizt deine schöne Gestalt;
Und bist du nicht willig, so brauch ich Gewalt.
Mein Vater, mein Vater, jetzt faßt er mich an!
Erlkönig hat mir ein Leids getan!

Dem Vater grauset's, er reitet geschwind,
Er hält in Armen das ächzende Kind,
Erreicht den Hof mit Müh' und Not;
In seinen Armen das Kind war tot.
 El Rey de los Alisos
¿Quién cabalga tan tarde en la noche y el viento?
Es el padre con su hijo.
Lleva al niño en su brazo,
Lo sujeta con firmeza, le da calor.

Hijo mío ¿Por qué escondes tu rostro asustado?
¿No ves, padre, al Rey de los Alisos?
¿Al Rey de los Alisos con corona y cola?
Hijo mío es un jirón de niebla.

¡Querido niño ven conmigo!
Jugaré maravillosos juegos contigo;
En la orilla hay muchas flores de colores,
Mi madre tiene muchos trajes dorados.

Padre mío, padre mio ¿no oyes
Lo que el Rey de los Elfos quedo me promete?
Tranquilo, estate tranquilo hijo mío;
Es el viento mueve las hojas secas.

¿Quieres, lindo niño, venir conmigo?
Mis hijas te atenderán bien;
Mis hijas hacen su danza nocturna,
Y ellas te arrullarán y bailarán y cantarán para ti.
 

Padre mío, padre mío ¿no ves acaso ahí,
A las hijas del Rey de los Alisos en ese lugar oscuro?
Hijo mío, hijo mío, lo veo con claridad:
Son los viejos sauces tan grises.

Te quiero; me atrae tu hermosa figura;
Y si no haces caso usaré la fuerza.
¡Padre mío, padre mío, ahora me agarra!
¡El Rey de los Alisos me ha hecho daño!

El padre se estremece y cabalga más deprisa,
Lleva al gimiente niño en sus brazos,
Llega al patio con penoso esfuerzo;
En sus brazos el niño estaba muerto.

 Video del lied de Schubert: Erlköning, inspirado en el homónimo poema de Goethe

13) El antiguo ayuntamiento, cuya trasera linda con la anterior plaza, es un bellísimo ejemplo de la arquitectura renacentista, no solo de Leipzig, sino de toda Alemania. Dentro de sus casi 100 metros de longitud alberga la exposición permanente del Stadtgeschichtliches Museum Leipzig, en el que se pueden visitar, entre otras cosas, el histórico salón de baile, la cámara del consejo, el tesoro y las bóvedas de la bodega. Esas estancias, junto con los restos de las antiguas celdas de prisión que se hallan en el sótano, las salas históricas en el piso principal, la torre y la veleta, convierten a este edificio en un compendio de la historia de la ciudad de Leipzig y, por lo tanto, en su objeto museístico más valioso.

 Fachada del antiguo ayuntamiento

 Sala principal del antiguo ayuntamiento

La exhibición que se muestra en su interior está dividida en dos partes, en las que podemos disfrutar de numerosas reliquias valiosas de la historia musical de la ciudad:
A) La primera, data desde los orígenes de Lepizig hasta la Batalla de las Naciones (16 al 19 de octubre de 1813). En esta sección podemos encontrar el único retrato auténtico de J. S. Bach, pintado por Elias Gottlob Haussmann (1746), además del manuscrito original con el que posa en dicho cuadro. Todo ello está en exhibición en una habitación dedicada a la memoria del compositor.

Retrato de J. S. Bach

La siguiente sala está dedicada a la tradición musical de Leipzig: música de la iglesia antes de la época de Bach, música cívica y la historia temprana de la Gewandhaus. Entre las rarezas expuestas se encuentra un modelo del primer Gewandhaus en escala 1:25 y la tarima del director de la antigua sala de conciertos, que tuvo que resistir el peso de tan solemnes personalidades como la de Felix Mendelssohn Bartholdy, Carl Reinecke, Wolfgang Amadeus Mozart (1789), Muzio Clementi (1812), Carl Maria von Weber (1813), Johann Strauß (1834), Robert Schumann (1853), Franz Liszt (1857), Johannes Brahms (1860) y Richard Wagner (1862). 

 
Monumento de las batallas de las naciones, en las afueras de Leipzig.

B) La segunda, llamada Tiempos modernos (Moderne Zeiten) y ubicada en la segunda planta, data desde la industrialización (1848) hasta el presente, donde se puede contemplar la colección: Leipzig, la Ciudad de la Música, desde Mendelssohn hasta la actualidad.

 Foto que refleja los primeros años de Gewandhaus: Bustos de Mendelssohn, Lizst, retratos de otros directores de la orquesta, batutas, plumas, manuscritos y la máscara mortuoria de Felix Mendelssohn.

Caricatura realizada por el chelista de la Gewandhaus Christian Reimers, sobre un ensayo de la tercera overture Leonoren de L. v. Beethoven, dirigida por Julius Rietz.




14) Caminando hacia el norte por Katharinenstrasse unos 180m, se encuentra la siguiente de nuestras paradas: el Museo de Bellas Artes-Beethoven, cuya mayor atracción es la colosal escultura que Klinger alzó honrando a Beethoven. Max Klinger trabajó en su obra maestra de 3,1 m de altura desde 1885 hasta 1902, y constituye un ejemplo impresionante del simbolismo dentro del mundo del arte, al reunir tanto elementos de la antigüedad como del cristianismo. En esta obra, Beethoven es retratado como un Titán de la música, a quien incluso el águila mira con asombro. El autor lo inmortalizó mirando a lo lejos, quizás al futuro, impenetrable e inquebrantable, confiando solo en su propia inspiración.
Además, el museo cuenta con otras obras de arte con un hondo trasfondo musical, como son: el ciclo de Brahms-Phantasie, también de Max Klinger, sus bocetos para un monumento planificado a Wagner (ver la parada 9) y la pintura Die Toteninsel (Isla de los Muertos) de Arnold Böcklin (1827-1901), que inspiró los poemas sinfónicos de Max Reger y Sergej Rachmaninov.
Tristemente, la toma de fotografías estaba prohibida en el museo así que no puedo mostrar ninguna instantánea de estas piezas tan inspiradoras.

Video del poema sinfónico Op.29 de Rachmaninov: La isla de los muertos


15) A 320 metros se encuentra el Zum Arabischen Coffe Baum, que ha permanecido abierto desde 1711 y desde su comienzo se estableció como un lugar de encuentro entre artistas, músicos, escritores y académicos. El cliente más habitual del Coffe Baum fue Robert Schumann, para quien, desde 1833 hasta 1840, este establecimiento llegó a ser un segundo hogar. Schumann, editor del Neue Zeitschrift für Musik (Nuevo diario de la Música), órgano radicalmente progresivo de la llamada Davidsbündler, realizaría sus reuniones en la conocida como "Schumann-Tisch", que se halla en la sala delantera izquierda y donde se debatía sobre los temas más actuales de la música y el arte contemporáneos. Asimismo, los músicos que se hallaban de gira por Leipzig también eran bienvenidos a dicha mesa.
Sin embargo, esta no fue una actividad iniciada por Schumann, ya antes que él hubo músicos que disfrutaron de la hospitalidad del Coffe Baum, como es el caso de Georg Philipp Telemann; y tampoco cesó esta tradición tras la marcha de la figura de Schumann, ya que el café fue frecuentado, posteriormente, por Richard Wagner, Arthur Nikisch, Karl Straube, Eugen d´Albert, Siegfried Wagner, Franz Lehár, Edvard Grieg y Günther Ramin.