Obertura:
Si hay algún elemento
que construya el espacio sonoro de Galicia, ese es el agua, de ahí que eligiera
el otoño como fecha para visitarla y vivirla. Pues esta estación, con sus
paseos bañados por rojas hojas, realza la singular belleza del lugar, que toma
un color especial gracias a su humedad, creando un paisaje musical a través de
una polifonía acuática.
Árbol otoñal en el
parque de la alameda de Santiago de Compostela
Se crea una armonía en
la que el mar, con su incesante ondular y bramido contra las rocas, cumple la
función de tónica; mientras que la lluvia, con su repiqueteo constante contra
paredes de piedra oscurecida por el paso de los siglos, tejados de teja roja y
negros paraguas que se alzan impávidos frente al viento mistral, se convierte
en la fundamental. Asimismo, la sensible es añadida por uno mismo al recorrer
más rápida o lentamente, dependiendo de la intensidad con la que caiga la
anterior, las adoquinadas y pétreas calles que surcan estas ciudades
centenarias y pobladas por gélidos y oscuros charcos que reflejan un cielo gris
impasible ante tal estampa.
Los aledaños de la catedral
de Santa María en Tui
Paseo bajo la lluvia en
Santiago de Compostela
Rúa do Vilar en
Santiago de Compostela
Primer
movimiento: Santiago de Compostela
Con Santiago de
Compostela como escenario de nuestro primer movimiento compuesto en una forma
sonata caracterizada por tener un primer tema constituido por la catedral, que
es contrarrestado por el convento de San Martín Pinario, ambos protagonistas de
duras luchas históricas por hacerse con el poder de una zona tan rica en
peregrinaje. Muestras de estas desavenencias son los intentos del convento por
alzar una torre de mayor tamaño que la de la catedral, logro que no
consiguieron nunca y aún son visibles las pruebas de tal intento, o la lucha
que mantuvieron ambos para que el convento no pudiera efectuar el proyecto de
la edificación de un gran claustro, el de la portería, construcción que, para
maravilla de nuestros ojos, sí consiguieron llevar a buen término, logrando un
complejo que, en altura, presenta dos plantas unidas por columnas emparejadas
de orden toscana gigante. La primera planta, organizada por seis arcos de medio
punto, y el superior, con balcones de vano adintelados y parejas de columnas
dóricas de gran tamaño en los espacios intermedios, encierra una gran fuente
que funciona de foco visual.
Nave central con los
dos órganos de la catedral de Santiago de Compostela
Paseando un día
lluvioso sobre las cubiertas de la catedral de Santiago de Compostela
Fachada del convento de
San Martín Pinario
Claustro de la Portería
de San Martín Pinario
Detalle de la sillería del
coro de San Martín Pinario
En Santiago, la única
tristeza que me quedó fue el no haber podido contemplar y admirar la pétrea
orquesta que esculpió el maestro Mateo en el Pórtico de la Gloria, un trabajo que ha generado innumerables
estudios y reconstrucciones de esos instrumentos musicales del medievo que
tañen los ancianos de tal coro, pues en la actualidad está bajo un profundo
proceso de restauración para recuperar la policromía perdida durante, sobre
todo, los últimos 70 años. Según una persona que estaba trabajando allí y a la
que me acerqué para preguntarle, esta obra se prolongará hasta marzo-abril, y
que, para garantizar mejor su preservación, puede que las futuras visitas
queden restringidas y que no se permita observar a los ancianos mas que a
través de una mampara.
Pero, en una exposición
dedicada al maestro Mateo, sí pude contemplar y bastante bien, pues estaba a
una altura perfecta para la observación detenida, un grandioso David que tañía una
arpa meticulosamente esculpida, además de ciertas reconstrucciones de
instrumentos que se habían realizado basándose en los instrumentos del Pórtico de la Gloria, todos ellos emplazados
en una sala destinada antiguamente a la función de comedor, el Salón de Ceremonias, tal y como se
puede reconocer a través de la iconografía que en ella había: una imaginería de
banquete esculpida en canecillos, en los que se podía contemplar ciertos
instrumentos musicales medievales (organistrum, salterios, fídulas, doble chirimía,
panderos…), escenas de cocina (incluso había un alimento que, simpáticamente y
empleando la imaginación, podría tener alguna similitud con una empanadilla
gallega) y dos reyes presidiéndolo todo.
Fídula oval, salterio y
arpa-salterio construidos a partir de las imágenes del Pórtico de la Gloria
Arpa románica,
organistrum y fídula en ocho construidos a partir de las imágenes del Pórtico
de la Gloria
Detalle del
Organistrum
Y, por supuesto, me
quedé maravillado con el famoso Codex
Calixtino, una auténtica joya única de la literatura medieval hispana, pero
no solamente por contener el libro V, el que trata sobre el camino de Santiago
y sus múltiples paradas, el más popular de todos, sino que también es uno de
los tres volúmenes que contiene polifonía medieval, de hecho es, al ser copiado
en el siglo XII, el primero de los grandes manuscritos
polifónicos españoles de la Edad Media; y es que, su Apéndice I, contiene unas
20 composiciones a dos voces (además, el Libro I contiene música monódica
perteneciente a los oficios y las misas), que, tradicionalmente han sido
relacionadas con la escuela de San
Marcial de Limoges, en Francia. Aunque nuestro códice aún guarda una
sorpresa más: el primer organum a 3
voces del que se tiene noticia, el Congaudeant Catholici.
Interpretación de "Congaudeant Catholici"
Sin embargo, tristemente, no pude ver su grafía porque lo tenían abierto
por el precioso folio 163, el que comienza con el libro IV: “Historia Turpini”, que cuenta la
entrada de Carlomagno en la Península, la derrota de Roncesvalles y la muerte
de Roldán. Uno de los momentos culmen de esta historia es cuando Santiago se le
aparece a Carlomagno en sueños, incitándolo a liberar su tumba de los
musulmanes, indicándole la dirección a seguir por medio de un campo de
estrellas, Campus Stellae en latín, y
de donde según la leyenda proviene el nombre de Compostela.
Segundo
movimiento: Finisterre
Para escuchar y
disfrutar de esa polifonía acuática en todo su esplendor me dirigí al lugar más
idóneo: Finisterre, kilómetro 0 de un
camino milenario.
Kilómetro 0 del Camino
de Santiago
Allí, a modo de bordón
surgió una nueva y constante nota que le aportó aún más color a esa armonía
natural a la que me referí al principio. En la informe forma de una espesa y
nívea niebla, esa nota surgió de los más recónditos lares para imponerse como
si se tratara del sonido del ronco de una gaita gallega, impidiendo la
observación del horizonte, pero paradójicamente multiplicando la sensación de
que nos hallábamos ante algo sublime, kantianamente hablando. Ese escuchar las
olas romper contra las rocas, pero sin siquiera poder abordar con la vista la
orilla misma, me hizo sentir mi pequeñez frente a la inmensidad de lo otro; y
con ello contemplar “lo que es absolutamente grande”, que nos sobrepasa causando
una sensación acongojante de algo cuya mesura sobrepasa nuestras capacidades.
Niebla en Finisterre
"Rocas audazmente
colgadas y, por decirlo así, amenazadoras, nubes de tormenta que se amontonan
en el cielo y se adelantan con rayos y con truenos, volcanes en todo su poder
devastador, huracanes que van dejando tras de si desolación, el océano sin
límites rugiendo de ira, una cascada profunda en un río poderoso, etc, reducen
nuestra facultad de resistir a una insignificante pequeñez, comparada con su
fuerza. (...) llamamos gustosos sublimes a esos objetos porque elevan las
facultades del alma por encima de su término medio ordinario". Kant
Tercer
movimiento: Las Rías bajas
A partir de este punto
dejamos atrás la Costa de la muerte,
recorriendo el litoral de las Rías bajas,
donde playas de blanca arena, en las que anidan centenares de gaviotas que se
unen a la polifonía con sus chirriantes cacofonías, limitan con un bosque
tupido, creando bucólicos paisajes de pueblos pesqueros anclados en un tiempo
en el que la tradición aún era parte fundamental de la vida de sus habitantes. En
estas trabajadoras y tranquilas poblaciones, los hórreos y las rampas por las
que los pescadores suben sus embarcaciones surgen en cada esquina. Las casas,
orientadas hacia la mar, auténtico espíritu de estas comunidades, son adornadas
con unas típicas y coloridas balconadas, que usan los colores de sus propias
embarcaciones. Aquí hasta los cruceiros, levantados en antiguos lugares
paganos, vigilan el horizonte cuidando de sus marinos que han salido a faenar.
Panorámica del puerto y
pueblo de Corcubión
Arenal de Ézaro
Puerto de Muros
Muelle de Combarro
Rampa por la que los
pescadores suben sus barcas (Combarro)
Hórreo en Combarro
Combarro
Cruceiro
Estos bucólicos parajes
marinos rescatan de lo profundo de mi memoria una antigua historia en forma de
cantiga, una en la que el amor, la mar, la espera y la esperanza son los
máximos protagonistas y que guía mis pasos hasta la ciudad de Vigo.
Cuarto
movimiento: Vigo y Martín Codax
Hasta Vigo lleva mi camino,
en búsqueda de las huellas de un trovador que fue librado del anonimato gracias a la diosa fortuna: Martín Codax. Pocos
datos se saben de él. Podría ser probable que naciera en Vigo, ciudad de la que
están impregnadas sus composiciones, que hablan casi invariablemente de aquel
mar y de sus olas, testigos indolentes de amores perdidos. A él se le ha
atribuido el corpus literario de unas siete cantigas de amigo (caracterizadas
por la temática de la queja de una amada por la ausencia de
su caballero) que figuran en
el Pergamino Vindel, donde se
encuentra su nombre como autor de las composiciones.
La historia de este pergamino es curiosa y nos lleva a vislumbrar cual es
el lugar que en épocas pretéritas se le ha otorgado al noble arte de la música,
y es que su descubrimiento no pudo ser más azaroso: En 1914, el
bibliógrafo Pedro Vindel (de aquí el nombre que ha tomado el
pergamino) encontró dicha obra en su biblioteca, sirviendo de guarda interior a
un ejemplar de De officiis de Cicerón.
Siete
son los poemas, seis musicados, que
figuran en él: (sin título, pues se citan por su primer verso):
– Ondas
do mar de Vigo
– Mandad'ei
comigo ca ven meu amigo
– Mia
yrmana fremosa treides comigo
– Ay
Deus se sab'ora meu amado
– Quantas
sabedes amar amigo
– En
o sagrad' e Vigo (Solo
texto, sin notación musical)
– Ay
ondas que eu vin ver
En ellos una muchacha enamorada cuenta la historia, y nos va sugiriendo en cada
capítulo su dolor por la ausencia del hombre amado, su alegría por un próximo
encuentro, su necesidad de confidencias a su madre y amigas, y el desasosiego
por la tardanza de su amor. En ella, la enamorada comienza y cierra este pequeño relato
interrogando a las olas de la Ría de Vigo.
Orilla de la Ría de Vigo con las islas Cíes al frente, dan ganas de preguntarle a sus olas
Interpretación de "Ondas do mar
de Vigo"
“Ondas
do mar de Vigo,
se
vistes meu amigo?
E ay
Deus, se verrá cedo!
Ondas
do mar levado,
se
vistes meu amado?
E ay
Deus, se verrá cedo
Se
vistes meu amigo,
o por
que eu sospiro?
E ay
Deus, se verrá cedo
Se
vistes meu amado,
por que
ey gran coydado?
E ay
Deus, se verrá cedo!”
Algo sorprendente de este viaje que acabo de emprender es que, a pesar de
que este importantísimo documento (no solo de la literatura gallega, sino
también mundial pues es el único conjunto de poemas musicados del siglo XIII) no
se encuentra ya en suelo patrio, sino que es conservado en Nueva York, concretamente
en Pierpont Morgan Library, bajo la signatura Vindel MS M979, he tenido la
oportunidad de poder contemplarlo gracias a que ha vuelto a pisar España después
de cuatro décadas. Actualmente, y hasta el 4 de marzo de 2018, el pergamino se
encuentra en una exposición temporal en el Museo
del Mar de Vigo, donde, además de la pieza en cuestión, su época es
contextualizada por iconografía, paneles informativos, facsímiles de manuscritos
contemporáneos y reconstrucciones de instrumentos medievales a partir de las
esculturas del Pórtico de la Gloria
de la catedral de Santiago de Compostela. Fue
una pena no haberme podido hacer con un facsímil, sus 360 € al contado o 400 €
financiados se salían un poco del presupuesto que hubiera pagado.
Cartel de la exposición
temporal sobre el pergamino Vindel
Reproducciones de fídula oval y cítola
Reproducción de arpa románica
La joya de la corona, el
pergamino Vindel. En él se puede contemplar su música, escrita en notación cuadrada, y con unas
ligaduras parecidas a las de las Cantigas de Santa María de
los códices de El Escorial.





























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