martes, 12 de diciembre de 2017

Galicia, una sinfonía acuática



Obertura:
Si hay algún elemento que construya el espacio sonoro de Galicia, ese es el agua, de ahí que eligiera el otoño como fecha para visitarla y vivirla. Pues esta estación, con sus paseos bañados por rojas hojas, realza la singular belleza del lugar, que toma un color especial gracias a su humedad, creando un paisaje musical a través de una polifonía acuática.


Árbol otoñal en el parque de la alameda de Santiago de Compostela

Se crea una armonía en la que el mar, con su incesante ondular y bramido contra las rocas, cumple la función de tónica; mientras que la lluvia, con su repiqueteo constante contra paredes de piedra oscurecida por el paso de los siglos, tejados de teja roja y negros paraguas que se alzan impávidos frente al viento mistral, se convierte en la fundamental. Asimismo, la sensible es añadida por uno mismo al recorrer más rápida o lentamente, dependiendo de la intensidad con la que caiga la anterior, las adoquinadas y pétreas calles que surcan estas ciudades centenarias y pobladas por gélidos y oscuros charcos que reflejan un cielo gris impasible ante tal estampa.

 Los aledaños de la catedral de Santa María en Tui

 Paseo bajo la lluvia en Santiago de Compostela

 Rúa do Vilar en Santiago de Compostela

Primer movimiento: Santiago de Compostela
Con Santiago de Compostela como escenario de nuestro primer movimiento compuesto en una forma sonata caracterizada por tener un primer tema constituido por la catedral, que es contrarrestado por el convento de San Martín Pinario, ambos protagonistas de duras luchas históricas por hacerse con el poder de una zona tan rica en peregrinaje. Muestras de estas desavenencias son los intentos del convento por alzar una torre de mayor tamaño que la de la catedral, logro que no consiguieron nunca y aún son visibles las pruebas de tal intento, o la lucha que mantuvieron ambos para que el convento no pudiera efectuar el proyecto de la edificación de un gran claustro, el de la portería, construcción que, para maravilla de nuestros ojos, sí consiguieron llevar a buen término, logrando un complejo que, en altura, presenta dos plantas unidas por columnas emparejadas de orden toscana gigante. La primera planta, organizada por seis arcos de medio punto, y el superior, con balcones de vano adintelados y parejas de columnas dóricas de gran tamaño en los espacios intermedios, encierra una gran fuente que funciona de foco visual.

Nave central con los dos órganos de la catedral de Santiago de Compostela

 Paseando un día lluvioso sobre las cubiertas de la catedral de Santiago de Compostela

 Fachada del convento de San Martín Pinario

 Claustro de la Portería de San Martín Pinario

 Detalle de la sillería del coro de San Martín Pinario

En Santiago, la única tristeza que me quedó fue el no haber podido contemplar y admirar la pétrea orquesta que esculpió el maestro Mateo en el Pórtico de la Gloria, un trabajo que ha generado innumerables estudios y reconstrucciones de esos instrumentos musicales del medievo que tañen los ancianos de tal coro, pues en la actualidad está bajo un profundo proceso de restauración para recuperar la policromía perdida durante, sobre todo, los últimos 70 años. Según una persona que estaba trabajando allí y a la que me acerqué para preguntarle, esta obra se prolongará hasta marzo-abril, y que, para garantizar mejor su preservación, puede que las futuras visitas queden restringidas y que no se permita observar a los ancianos mas que a través de una mampara.
Pero, en una exposición dedicada al maestro Mateo, sí pude contemplar y bastante bien, pues estaba a una altura perfecta para la observación detenida, un grandioso David que tañía una arpa meticulosamente esculpida, además de ciertas reconstrucciones de instrumentos que se habían realizado basándose en los instrumentos del Pórtico de la Gloria, todos ellos emplazados en una sala destinada antiguamente a la función de comedor, el Salón de Ceremonias, tal y como se puede reconocer a través de la iconografía que en ella había: una imaginería de banquete esculpida en canecillos, en los que se podía contemplar ciertos instrumentos musicales medievales (organistrum, salterios, fídulas, doble chirimía, panderos…), escenas de cocina (incluso había un alimento que, simpáticamente y empleando la imaginación, podría tener alguna similitud con una empanadilla gallega) y dos reyes presidiéndolo todo.

 Fídula oval, salterio y arpa-salterio construidos a partir de las imágenes del Pórtico de la Gloria

 Arpa románica, organistrum y fídula en ocho construidos a partir de las imágenes del Pórtico de la Gloria

 Detalle del Organistrum

Y, por supuesto, me quedé maravillado con el famoso Codex Calixtino, una auténtica joya única de la literatura medieval hispana, pero no solamente por contener el libro V, el que trata sobre el camino de Santiago y sus múltiples paradas, el más popular de todos, sino que también es uno de los tres volúmenes que contiene polifonía medieval, de hecho es, al ser copiado en el siglo XII, el primero de los grandes manuscritos polifónicos españoles de la Edad Media; y es que, su Apéndice I, contiene unas 20 composiciones a dos voces (además, el Libro I contiene música monódica perteneciente a los oficios y las misas), que, tradicionalmente han sido relacionadas con la escuela de San Marcial de Limoges, en Francia. Aunque nuestro códice aún guarda una sorpresa más: el primer organum a 3 voces del que se tiene noticia, el Congaudeant Catholici.

Interpretación de "Congaudeant Catholici"

Sin embargo, tristemente, no pude ver su grafía porque lo tenían abierto por el precioso folio 163, el que comienza con el libro IV: “Historia Turpini”, que cuenta la entrada de Carlomagno en la Península, la derrota de Roncesvalles y la muerte de Roldán. Uno de los momentos culmen de esta historia es cuando Santiago se le aparece a Carlomagno en sueños, incitándolo a liberar su tumba de los musulmanes, indicándole la dirección a seguir por medio de un campo de estrellas, Campus Stellae en latín, y de donde según la leyenda proviene el nombre de Compostela.

Segundo movimiento: Finisterre
Para escuchar y disfrutar de esa polifonía acuática en todo su esplendor me dirigí al lugar más idóneo: Finisterre, kilómetro 0 de un camino milenario.

 Kilómetro 0 del Camino de Santiago

Allí, a modo de bordón surgió una nueva y constante nota que le aportó aún más color a esa armonía natural a la que me referí al principio. En la informe forma de una espesa y nívea niebla, esa nota surgió de los más recónditos lares para imponerse como si se tratara del sonido del ronco de una gaita gallega, impidiendo la observación del horizonte, pero paradójicamente multiplicando la sensación de que nos hallábamos ante algo sublime, kantianamente hablando. Ese escuchar las olas romper contra las rocas, pero sin siquiera poder abordar con la vista la orilla misma, me hizo sentir mi pequeñez frente a la inmensidad de lo otro; y con ello contemplar “lo que es absolutamente grande”, que nos sobrepasa causando una sensación acongojante de algo cuya mesura sobrepasa nuestras capacidades.

 Niebla en Finisterre

"Rocas audazmente colgadas y, por decirlo así, amenazadoras, nubes de tormenta que se amontonan en el cielo y se adelantan con rayos y con truenos, volcanes en todo su poder devastador, huracanes que van dejando tras de si desolación, el océano sin límites rugiendo de ira, una cascada profunda en un río poderoso, etc, reducen nuestra facultad de resistir a una insignificante pequeñez, comparada con su fuerza. (...) llamamos gustosos sublimes a esos objetos porque elevan las facultades del alma por encima de su término medio ordinario". Kant

Tercer movimiento: Las Rías bajas
A partir de este punto dejamos atrás la Costa de la muerte, recorriendo el litoral de las Rías bajas, donde playas de blanca arena, en las que anidan centenares de gaviotas que se unen a la polifonía con sus chirriantes cacofonías, limitan con un bosque tupido, creando bucólicos paisajes de pueblos pesqueros anclados en un tiempo en el que la tradición aún era parte fundamental de la vida de sus habitantes. En estas trabajadoras y tranquilas poblaciones, los hórreos y las rampas por las que los pescadores suben sus embarcaciones surgen en cada esquina. Las casas, orientadas hacia la mar, auténtico espíritu de estas comunidades, son adornadas con unas típicas y coloridas balconadas, que usan los colores de sus propias embarcaciones. Aquí hasta los cruceiros, levantados en antiguos lugares paganos, vigilan el horizonte cuidando de sus marinos que han salido a faenar.

 Panorámica del puerto y pueblo de Corcubión

 Arenal de Ézaro

 Puerto de Muros

 Muelle de Combarro

 Rampa por la que los pescadores suben sus barcas (Combarro)

 Hórreo en Combarro

Combarro

 Cruceiro

Estos bucólicos parajes marinos rescatan de lo profundo de mi memoria una antigua historia en forma de cantiga, una en la que el amor, la mar, la espera y la esperanza son los máximos protagonistas y que guía mis pasos hasta la ciudad de Vigo.

Cuarto movimiento: Vigo y Martín Codax
Hasta Vigo lleva mi camino, en búsqueda de las huellas de un trovador que fue librado del anonimato gracias a la diosa fortuna: Martín Codax. Pocos datos se saben de él. Podría ser probable que naciera en Vigo, ciudad de la que están impregnadas sus composiciones, que hablan casi invariablemente de aquel mar y de sus olas, testigos indolentes de amores perdidos. A él se le ha atribuido el corpus literario de unas siete cantigas de amigo (caracterizadas por la temática de la queja de una amada por la ausencia de su caballero) que figuran en el Pergamino Vindel, donde se encuentra su nombre como autor de las composiciones.
La historia de este pergamino es curiosa y nos lleva a vislumbrar cual es el lugar que en épocas pretéritas se le ha otorgado al noble arte de la música, y es que su descubrimiento no pudo ser más azaroso: En 1914, el bibliógrafo Pedro Vindel (de aquí el nombre que ha tomado el pergamino) encontró dicha obra en su biblioteca, sirviendo de guarda interior a un ejemplar de De officiis de Cicerón. Siete son los poemas, seis musicados, que figuran en él: (sin título, pues se citan por su primer verso):
     Ondas do mar de Vigo
     Mandad'ei comigo ca ven meu amigo
     Mia yrmana fremosa treides comigo
     Ay Deus se sab'ora meu amado
     Quantas sabedes amar amigo
     En o sagrad' e Vigo (Solo texto, sin notación musical)
     Ay ondas que eu vin ver
En ellos una muchacha enamorada cuenta la historia, y nos va sugiriendo en cada capítulo su dolor por la ausencia del hombre amado, su alegría por un próximo encuentro, su necesidad de confidencias a su madre y amigas, y el desasosiego por la tardanza de su amor. En ella, la enamorada comienza y cierra este pequeño relato interrogando a las olas de la Ría de Vigo.

 Orilla de la Ría de Vigo con las islas Cíes al frente, dan ganas de preguntarle a sus olas

 Interpretación de "Ondas do mar de Vigo"

“Ondas do mar de Vigo,
se vistes meu amigo?
E ay Deus, se verrá cedo!

Ondas do mar levado,
se vistes meu amado?
E ay Deus, se verrá cedo

Se vistes meu amigo,
o por que eu sospiro?
E ay Deus, se verrá cedo

Se vistes meu amado,
por que ey gran coydado?
E ay Deus, se verrá cedo!”

Algo sorprendente de este viaje que acabo de emprender es que, a pesar de que este importantísimo documento (no solo de la literatura gallega, sino también mundial pues es el único conjunto de poemas musicados del siglo XIII) no se encuentra ya en suelo patrio, sino que es conservado en Nueva York, concretamente en Pierpont Morgan Library, bajo la signatura Vindel MS M979, he tenido la oportunidad de poder contemplarlo gracias a que ha vuelto a pisar España después de cuatro décadas. Actualmente, y hasta el 4 de marzo de 2018, el pergamino se encuentra en una exposición temporal en el Museo del Mar de Vigo, donde, además de la pieza en cuestión, su época es contextualizada por iconografía, paneles informativos, facsímiles de manuscritos contemporáneos y reconstrucciones de instrumentos medievales a partir de las esculturas del Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela. Fue una pena no haberme podido hacer con un facsímil, sus 360 € al contado o 400 € financiados se salían un poco del presupuesto que hubiera pagado.

 Cartel de la exposición temporal sobre el pergamino Vindel



Reproducciones de fídula oval y cítola

 Reproducción de arpa románica
 
                                                                             Reproducción de Organistrum

La joya de la corona, el pergamino Vindel. En él se puede contemplar su música, escrita en notación cuadrada, y con unas ligaduras parecidas a las de las Cantigas de Santa María de los códices de El Escorial.

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