jueves, 19 de julio de 2018

Milán, moda y rito musical (I)



Noche navideña en la plaza del duomo

¿Cómo vivenciar la atmósfera musical de una ciudad como Milán, la cual rebosa glamour y moda por cada una de sus esquinas y en la que, desde la Antigüedad, se ha tenido muy presente el plano sonoro? Este cuasi eterno interés por la música nos otorga una triple posibilidad de cómo afrontar el relato de nuestro paseo por la sonoridad de Milán: 
En primer lugar, podría realizarse desde un factor cronológico, contando las distintas atmósferas musicales que han ido surgiendo en esta ciudad, narrando su evolución desde la Antigüedad hasta la época contemporánea. Una segunda opción sería detallarla centrándonos en los grandes personajes que han potenciado y florecido en dicho ambiente sonoro, relatando sus logros y obras realizadas y proyectadas dentro del centro de influencia de la capital lombarda. Pero después de pensarlo detenidamente, no elegí ninguna de estas opciones como el hilo rojo sobre el que edificar mi relato, pues vi más lógico, ya que este es básicamente un blog de viaje, el decantarme por una narración espacial; es decir, a través de los lugares más emblemáticos de la ciudad, aunque eso sí, llevándonos hacia un viaje mental en el que nos sumergiremos en distintas épocas y conoceremos a grandes personalidades de la música y los entresijos de sus pasos por esta singular ciudad italiana. 

1) Con dicho objetivo y nexo, es obvio plantear como punto de partida uno de esos edificios que por méritos propios se ha convertido en templo mundial de la música: la Scala, nombre que procede de la antigua iglesia (Santa María alla Scala) que fue derribada para edificar el edificio actual, y al que todo amante, o no, de la música académica habrá escuchado más de una vez. 
La Scala, institución con la cual numerosas y grandes personalidades del mundo de la ópera han estado relacionadas, es un ejemplo perfecto de la belleza que existe en Milán, una que es intramuros, pues su exterior, constituido por una sobria fachada, no sorprende, más bien nos deja algo fríos. Es más, si lo comparáramos con casas de la ópera de otras ciudades, podríamos afirmar que es simple.

Fachada de la Scala de Milán

Y es que su belleza y grandiosidad está ubicada en su interior, donde ocurre una explosión de luz causada por las decenas de arañas de cristal que alumbran unas doradas salas que han acogido a la clase más alta de la sociedad milanesa desde que fuera edificado en 1778.
La visita a este emblemático teatro de ópera consta de varias etapas:

Carteles de representaciones históricas

En la primera, y a través de unas escaleras decoradas con cartelería de interpretaciones de Aida, Falstaff, Lohengrin…, llegamos a una portentosa y luminosa estancia decorada con lustrosos espejos que le otorgan al habitáculo una mayor amplitud.

Hall del teatro.

En este acristalado hall, además, se suceden los bustos de los más importantes directores que han encabezado el liderazgo de la orquesta: Puccini, Toscanini y Sabata, del que había paneles informativos sobre su carrera profesional en la Scala.

Giacomo Puccini recibiendo a los visitantes

Arturo Toscanini, considerado por muchos el más grande director de orquesta de su época y del siglo XX.

Victor de Sábata batuta en mano

También, presidiendo este hall de la fama, se hallan, en cada uno de sus extremos, dos barras de bares lujosamente adornadas, dignas de películas de Hollywood de época. En el medio de esta sala hay un acceso que te dirige a la zona de los palcos, desde donde puedes dejarte maravillar por la sala de conciertos, que está coronada por una impresionante lámpara de metal dorado y cristal, que le puede recordar a uno la archifamosa escena del Fantasma de la Ópera. Dentro ya de la zona de conciertos, nuestras expectativas se cumplen sobradamente. De repente, aquel edificio que desde afuera no nos había sorprendido, se convierte en cinco pisos de balconadas que producen vértigo solo con mirar hacia arriba. El rojo y el dorado dominan una panorámica que logra que uno respire el ambiente de los estrenos de las grandes óperas, al poder sentirse aún las voces de los cantantes y las melodías más sublimes que todavía reverberan entre sus sólidas paredes. 

Escenario de la Scala

Parte de la balconada.

Una vez salimos de los palcos, nos dirigimos a la zona del museo, donde hallamos cuadros y bustos de compositores, directores y actores, además de instrumentos musicales, entre los que destacan un piano de Liszt, ubicado entre columnas y al pie de un enorme retrato del compositor húngaro, y la vieja espineta que el padre de Verdi le compró al pequeño Giuseppe, quien pasaría horas y horas sentado ante ella practicando.

La vieja espineta en la que Verdi tomó sus primeras lecciones de mano del maestro Lavigna

Al pie de un cuadro a cuerpo completo de Verdi, el segundo de sus instrumentos que posee la Scala

Piano perteneciente a Liszt, un magnífico Steinway & sons de 1883.

Busto de Verdi


Máscara mortuoria y molde de las manos de Verdi.

Como se puede observar, la pesencia de la figura de Verdi ocupa un lugar de honor en la colección, pero ya volveremos sobre él más adelante, cuando nos acompañe por otros espacios sonoros de la ciudad, pues es uno de esos personajes que han marcado la atmósfera musical de Milán y que nos servirá de maestro de ceremonias para nuestro paseo por la capital lombarda.

Algunos de los instrumentos musicales que están custodiados en el museo de la Scala: flautas traveseras y de pico, un oboe, varios pochettes con diversas formas, una mandolina y un laúd piccolo.

Además, complementando la exhibición permanente, tuve la suerte de coincidir con una temporal dedicada a la figura de una de las mayores divas de la historia del canto operístico: Ana María Cecilia Sofía Kaloyerópulos, mundialmente conocida como María Callas, la soprano que conquistó la Scala y con ella los corazones de los milaneses y el mundo entero. En esta interesante exposición se pueden ver vestidos y complementos que utilizó la diva en sus interpretaciones, además de fotos, cartelería y paneles informativos. 

Vestido que la diva llevó en una de sus interpretaciones de Don Carlo de Verdi

Saliendo del museo de la Scala, nos dirigimos a la esquina derecha del edificio, donde nos sorprende la escultura conmemorativa erigida en honor de Giulio Ricordi, editor de música que marcó, al son de tinta y papel, el camino que el canon musical seguiría a partir del s. XIX, y de quien habremos leído más de una edición, ya sea tanto en formato de partitura como de tratado o ensayo musical. 

A sus pies se lee: “Giulio Ricordi ha diffuso nel mondo l´opera italiana”

Sin irnos aún de la zona de la Scala, fijamos la vista al frente para contemplar el memorial de otra de las figuras relevantes en la ciudad. En la piazza Leonardo da Vinci, se halla un monumento conmemorativo de este irrepetible hombre del Renacimiento, pintor, inventor, ingeniero y músico, y de quien a día de hoy aún quedan huellas de su paso por la ciudad, como es su impresionante Cenacolo, o en español: la última cena, que tanto simbolismo esconde entre sus estudiados trazos, y donde el pintor jugó de una manera espléndida con la perspectiva. Esta localización se alza en medio de la zona opulenta de la ciudad, siendo circundada, en cada uno de sus puntos cardinales, por tres palacios y la Scala, lo que le otorgan a la plaza de un escenario altamente novelesco y formidable.

Il Cenacolo, una de las obras pictóricas más reconocidas en todo el mundo. Un consejo, compra la entrada con meses de antelación, porque se agotan bastante rápido.

La piazza Leonardo da Vinci de noche

2) Sin embargo, volveremos sobre este personaje más adelante. De momento seguimos caminando, cruzando la plaza que lleva su nombre y dejando su estatua a la izquierda, para terminar adentrándonos en la Galleria Vittorio Emanuele II, arteria comercial de Milán, y por donde corre gran parte del flujo pecuniario que alimenta al músculo emprendedor de la ciudad.

Interior de la galería en Navidad.

Esta construcción está formada por dos arcadas perpendiculares con bóveda de vidrio que se cruzan formando un octógono, silencioso espectador bajo el que se entrelazan los caminos de centenares de viandantes.

La bóveda de vidrio de la galería

Cruzamos toda la galería, hasta salir por el lado opuesto al que entramos, para encontrar una explanada enorme.

La galería vista desde la plaza del duomo

3) Nada más salir a la plaza que hay en el extremo contrario de la galería, un edificio atrae toda la atención y las miradas del vulgo: la catedral gótica de Milán. Su imponente aspecto exterior está configurado por las más de noventa gárgolas y ciento treinta agujas que se levantan vertiginosas hacia lo alto y apuntan decorosamente al cielo. Pero la atracción que levanta en el público no procede solamente de su particular fachada, pues el blanco níveo del mármol de Candoglia con que se construyó, resplandece como si brillara por sí misma con luz divina, atrayendo hacia su interior a turistas y creyentes, a pesar de las largas colas que se tienen que realizar para lograr ingresar.

Las agujas de la catedral perdiéndose en la noche

Puestos de navidad por fuera de la catedral, en los que puedes disfrutar de numerosos y riquísimos productos locales.

Ordenando el puesto de navidad

Y es que para entrar necesitas realizar varias colas:
La primera, que se realiza con el objetivo de hacerte con uno de los preciados tickets, se encuentra en un edificio a mano derecha de la catedral, justo al lado del palacio real. Un consejo que os doy, es que optéis por sacar los billetes en las máquinas self services que están dentro y te olvides de las ventanillas, que van más lentas que un anciano con un chicle pegado en el zapato.
Luego, ya con el ticket en la mano, dirígete a la segunda cola, que está en la puerta derecha de la fachada de la Catedral, la de la izquierda no, que es solo para rezar y no puedes hacer fotografías. Ya dentro del templo, somos transportados a un territorio totalmente diferente del de la Scala, seguimos en una opulencia absoluta pero ahora no encaminada a un aspecto hedonista, sino a la exaltación de dios y de la fe. También el ambiente sonoro se torna completamente diferente, los ecos que resuenan entre estas ornamentadas paredes no son aquellas cuidadas óperas que nacían de mentes con nombre propio, no, ahora nos hallamos en una época de anonimato, en la que el individuo no primaba, sino únicamente la inteligibilidad de un mensaje enviado por medio del canto llano.

Nave central de la catedral

Su interior presenta un aspecto estilizado y amplio. Verticalmente, esto lo consigue gracias a las largas columnas de mármol que recorren toda su superficie, y que son rematadas por doseles esculpidos con estatuas. Por otro lado, horizontalmente logra esa amplitud gracias al número de naves que posee: una ancha central y dos laterales a cada lado de esta, lo que suma un total de cinco. Además, las laterales están coronadas por bóvedas de crucería simple con unos paños profusamente decorados.
Asimismo, el interior de esta catedral es todo un museo de arte sacro. Entre todas estas  columnas se encuentran colgados un gran número de cuadros que representan diferentes escenas religiosas, además de todas las estatuas que contiene. Entre estas últimas sobresale la que se ha convertido en uno de los elementos más llamativos de la catedral: la estatua de Bartolomé el Apóstol, patrón de los curtidores, en la que aparece desollado y con la piel arrancada colgando sobre sus hombros, en referencia al martirio que sufrió.

 Estatua de Bartolomé el apóstol, en cuya base se lee, en un acto de modestia por parte del artista…, “Non me Praxiteles, sed Marc' finxit Agrat”, (no me hizo Praxíteles, sino Marco d'Agrate)

 Fotografía del presbiterio, en la que se aprecian los dos órganos situados en el coro norte

El deambulatorio de esta catedral es un sitio perfecto para caminar escuchando únicamente el eco de tus pasos y regalarle a tu vista el espectáculo de luz y de color que surge de los tres inmensos ventanales con vidrieras del ábside, considerados los más altos del mundo. Estos dibujan sus contornos sobre la blanca piedra, como si se trataran de pintores trabajando ante un lienzo virgen.


Deambulando



Dentro de la catedral aún hay lugar para una sorpresa más: bajando unas escaleras justo al lado de la fachada, hay un área arqueológica que te transporta al s. IV de nuestra era. Estas conducen hasta un baptisterio paleocristiano de tiempos de San Ambrosio, patrón de la ciudad y otro de los personajes que nos acompañarán por nuestro paseo musical, pues este obispo de Milán fue tan importante para el establecimiento de la liturgia local paleocristiana que esta se conoce, en su honor, como ambrosiana. Además, fue el primero en introducir influencias bizantinas en la liturgia occidental, al fomentar la práctica del himno y del canto antifonal. Lo más sorprendente de este enclave se halla en su justo corazón, los restos de una gran pila bautismal octogonal en la que se dice que San Ambrosio bautizó a San Agustín en el año 387.

Los restos de la gran pila bautismal octogonal

Este personaje, además, nos sirve para transportarnos hacia la siguiente parada de nuestra ruta: El Castello Sforzesco: donde puedes “ponerle cara”, ya que existen varias iconografías sobre él en el Museo de Arte Antiguo que alberga el interior del castillo, donde también encontrarás frescos de la familia Sforza y esculturas de gran valor pertenecientes a la Antigüedad, el Medievo y el Renacimiento.

4) Este monumental y hermético complejo nos saluda ya desde la lejanía gracias a su esbelta Torre del Filarete, que se alza sobre el resto de edificaciones haciendo un dueto perfecto con la circular Fontana di Piazza Castello.

El Castelo desde la lejanía

El dueto entre Torre y Fontana

Su característico color rojizo, que contrasta con el blanco marmoleo de la catedral, es debido al principal material con el que se erigió: el ladrillo. Desde su exterior nos vigilan sus orgullosas torres de planta redonda (que nos recuerdan al castillo de Invernalia de la famosa serie televisiva Juego de tronos) y cuadrada.

Torre del Filarete

Una vez pasadas las murallas, se accede a un extenso patio, núcleo del complejo y arteria principal que comunica con las demás secciones del castillo, que en la actualizad albergan siete museos especializados, y numerosas galerías, en los que se reúnen interesantes fragmentos de la cultura histórica ciudadana y cívica de la ciudad de Milán.

Panorámica desde el interior de las murallas

Como ya hemos indicado, dentro de uno de esos siete museos del complejo: el Museo de Arte Antiguo, podemos hallar tres piezas de incalculable valor y realizadas en distintas épocas, que son protagonizadas por el patrón de la ciudad: San Ambrosio.

Bello ejemplar románico de tabernáculo votivo de San Ambrosio (S. XII)

Relieve con figura de San Ambrosio del S. XIV

Estandarte de la comuna de Milán con la figura de su patrono: S. Ambrosio (S. XVI)

Además, también podemos encontrar interesantísima iconografía musical del medievo en la que se pueden vislumbrar distintos instrumentos de cuerda.

Fragmento de un sarcófago del S. IV en el que se puede vislumbrar la forma de una lira

Hermoso ejemplar de sarcófago

Friso trasero del sarcófago anterior, en el que hay ángeles músicos portando órgano portativo, salterio, fídula y laúd.

Fresco del techo de la capilla ducal con ejemplos de ángeles músicos portando añafiles, fídulas, panderos y laúdes.

En el Museo del Mueble y de la Escultura en madera (Museo dei Mobili e delle Sculture Lignee) también podemos encontrar algunos interesantes tapices con iconografía musical, pero pertenecientes a épocas más cercanas, además de ciertos instrumentos musicales con gran valor decorativo.

Mitigat homines temperat feras deos placat. Con representaciones de zanfona, triángulo, bombarda, laúd, arpa gótica, viola da braccio y viola da gamba

Quid quae te foveant mavors fere conteris artes. Con representaciones de laúd, viola da gamba, órgano positivo y flauta travesera

Philosophia rerum doceo cognoscere causas

Olifante profusamente decorado con motivos de caza

Laúd fabricado con un caparazón de tortuga.

Una vez en la Pinacoteca, vemos una exposición que abarca una cronología que recorre desde el siglo XV hasta el XVIII. De su colección destacaremos, por su valor musical y organológico, además de artístico: Luigi Amidani, Apollo e Marsia (c. 1630), Giovanni Stefano Doneda, Apollo e Marsia (c. 1665), Carlo Amalfi, Famiglia di musici (c.1760).

Luigi Amidani, Apollo e Marsia (c. 1630). La escena describe el momento en el que Apolo desuella al sátiro Marsias tras perder el concurso de música al que había retado al dios.

Giovanni Stefano Doneda, Apollo e Marsia (c. 1665)

Carlo Amalfi, Famiglia di musici (c.1760)

Todas estas obras nos sirven para abrir boca y dirigirnos, ya predispuestos, hacia el museo que más nos apetecía visitar de entre los siete que alberga el castillo: El museo de instrumentos musicales, que se abre con un pasillo poblado por fantásticas vitrinas de guitarras y mandolinas que dan paso a una sala espectacular, la de instrumentos de todo el mundo, en la que hallarás las rarezas más insospechadas en el arte de la creación de objetos sonoros.

Guitarra de nueve cuerdas de Innocente Rottola (1906)

Guitarra con dos mandolinas napolitanas de Innocente Rottola (1906)

Tres arpas africanas

Cordófono frotado

Erhu, el violín chino

Gekkin, tipo de laúd redondo y plano con mango corto

Tipo laúd 1

Tipo laúd 2

Rareza de 12 cuerdas

Chitarrone, con mástil nacarado y trastes sobre la tapa armónica

Mandolina napolitana

Detalle de los registros de un órgano positivo

Violas da gamba baja

Zanfona, una de mis debilidades

Estudio de grabación con las últimas tecnologías

A través de las distintas salas conoceremos cómo se han concebido los instrumentos musicales a lo largo de la historia, hasta llegar a una acondicionada para ofrecer conciertos. Un piano en el centro focal, las paredes cubiertas por tapices y sillas dispuestas para los espectadores, un lugar perfecto para disfrutar de veladas concertísticas.

Otra pieza que contiene la colección del Castello y es de obligatoria mención, por su relevancia en la historia del arte y ser una de las obras más importantes del conjunto, es la Pietá Rondanini, último e inacabado trabajo de Miguel Ángel, que se halla expuesta, entre frescos, en el vestíbulo del Ospedale Spagnolo (Hospital Español) del castillo.

Miguel Ángel: Pietá Rondanini

5) Una vez fuera del complejo y en dirección norte, se halla una vasta zona verde, el parque Sempione, el auténtico pulmón de Milán, que contiene estanques, puentes, patos, una variada vegetación, caminos de tierra y todo lo que necesita, para el disfrute, cualquier amante de los largos y tranquilos paseos.

La vasta extensión del parque con el arco della Pace al fondo

Puente sobre un lago

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