Noche navideña en la plaza del duomo
¿Cómo
vivenciar la atmósfera musical de una ciudad como Milán, la cual rebosa glamour
y moda por cada una de sus esquinas y en la que, desde la Antigüedad, se ha
tenido muy presente el plano sonoro? Este cuasi eterno interés por la música
nos otorga una triple posibilidad de cómo afrontar el relato de nuestro paseo
por la sonoridad de Milán:
En
primer lugar, podría realizarse desde un factor cronológico, contando las
distintas atmósferas musicales que han ido surgiendo en esta ciudad, narrando
su evolución desde la Antigüedad hasta la época contemporánea. Una segunda
opción sería detallarla centrándonos en los grandes personajes que han potenciado
y florecido en dicho ambiente sonoro, relatando sus logros y obras realizadas y
proyectadas dentro del centro de influencia de la capital lombarda. Pero
después de pensarlo detenidamente, no elegí ninguna de estas opciones como el
hilo rojo sobre el que edificar mi relato, pues vi más lógico, ya que este es
básicamente un blog de viaje, el decantarme por una narración espacial; es
decir, a través de los lugares más emblemáticos de la ciudad, aunque eso sí,
llevándonos hacia un viaje mental en el que nos sumergiremos en distintas
épocas y conoceremos a grandes personalidades de la música y los entresijos de
sus pasos por esta singular ciudad italiana.
1) Con
dicho objetivo y nexo, es obvio plantear como punto de partida uno de esos edificios
que por méritos propios se ha convertido en templo mundial de la música: la
Scala, nombre que procede de la antigua iglesia (Santa María alla Scala) que fue
derribada para edificar el edificio actual, y al que todo amante, o no, de la
música académica habrá escuchado más de una vez.
La
Scala, institución con la cual numerosas y grandes personalidades del mundo de
la ópera han estado relacionadas, es un ejemplo perfecto de la belleza que
existe en Milán, una que es intramuros, pues su exterior, constituido por una sobria
fachada, no sorprende, más bien nos deja algo fríos. Es más, si lo comparáramos
con casas de la ópera de otras ciudades, podríamos afirmar que es simple.
Fachada de la Scala de Milán
Y es
que su belleza y grandiosidad está ubicada en su interior, donde ocurre una
explosión de luz causada por las decenas de arañas de cristal que alumbran unas
doradas salas que han acogido a la clase más alta de la sociedad milanesa desde
que fuera edificado en 1778.
La
visita a este emblemático teatro de ópera consta de varias etapas:
Carteles de representaciones históricas
En la
primera, y a través de unas escaleras decoradas con cartelería de
interpretaciones de Aida, Falstaff, Lohengrin…, llegamos a una portentosa y
luminosa estancia decorada con lustrosos espejos que le otorgan al habitáculo
una mayor amplitud.
Hall del teatro.
En este
acristalado hall, además, se suceden los bustos de los más importantes
directores que han encabezado el liderazgo de la orquesta: Puccini, Toscanini y
Sabata, del que había paneles informativos sobre su carrera profesional en la
Scala.
Giacomo Puccini recibiendo a los visitantes
Arturo Toscanini, considerado por muchos el más grande director de
orquesta de su época y del siglo XX.
Victor de Sábata batuta en mano
También,
presidiendo este hall de la fama, se hallan, en cada uno de sus extremos, dos
barras de bares lujosamente adornadas, dignas de películas de Hollywood de
época. En el medio de esta sala hay un acceso que te dirige a la zona de los
palcos, desde donde puedes dejarte maravillar por la sala de conciertos, que
está coronada por una impresionante lámpara de metal dorado y cristal, que le puede
recordar a uno la archifamosa escena del Fantasma
de la Ópera. Dentro ya de la zona de conciertos, nuestras expectativas se
cumplen sobradamente. De repente, aquel edificio que desde afuera no nos había
sorprendido, se convierte en cinco pisos de balconadas que producen vértigo
solo con mirar hacia arriba. El rojo y el dorado dominan una panorámica que
logra que uno respire el ambiente de los estrenos de las grandes óperas, al
poder sentirse aún las voces de los cantantes y las melodías más sublimes que todavía
reverberan entre sus sólidas paredes.
Escenario de la Scala
Parte de la balconada.
Una vez
salimos de los palcos, nos dirigimos a la zona del museo, donde hallamos
cuadros y bustos de compositores, directores y actores, además de instrumentos
musicales, entre los que destacan un piano de Liszt, ubicado entre columnas y
al pie de un enorme retrato del compositor húngaro, y la vieja espineta que el padre de
Verdi le compró al pequeño Giuseppe, quien pasaría horas y horas sentado ante
ella practicando.
La vieja espineta en la que Verdi tomó sus primeras lecciones
de mano del maestro Lavigna
Al pie de un cuadro a cuerpo completo de Verdi, el
segundo de sus instrumentos que posee la Scala
Piano perteneciente a Liszt, un magnífico Steinway & sons de 1883.
Busto de Verdi
Máscara mortuoria y molde de las manos de Verdi.
Como se puede observar, la pesencia de la figura de Verdi ocupa un lugar de honor en la colección, pero ya volveremos sobre él más adelante, cuando nos acompañe por otros espacios sonoros de la ciudad, pues es uno de esos personajes que han marcado la atmósfera musical de Milán y que nos servirá de maestro de ceremonias para nuestro paseo por la capital lombarda.
Algunos de los instrumentos musicales que están custodiados en el
museo de la Scala: flautas traveseras y de pico, un oboe, varios pochettes con
diversas formas, una mandolina y un laúd piccolo.
Además,
complementando la exhibición permanente, tuve la suerte de coincidir con una
temporal dedicada a la figura de una de las mayores divas de la historia del
canto operístico: Ana María Cecilia Sofía Kaloyerópulos, mundialmente conocida como
María Callas, la soprano que conquistó la Scala y con ella los corazones de los
milaneses y el mundo entero. En esta interesante exposición se pueden ver
vestidos y complementos que utilizó la diva en sus interpretaciones, además de
fotos, cartelería y paneles informativos.
Vestido que la diva llevó en una de sus interpretaciones de Don Carlo de Verdi
Saliendo
del museo de la Scala, nos dirigimos a la esquina derecha del edificio, donde
nos sorprende la escultura conmemorativa erigida en honor de Giulio Ricordi,
editor de música que marcó, al son de tinta y papel, el camino que el canon
musical seguiría a partir del s. XIX, y de quien habremos leído más de una
edición, ya sea tanto en formato de partitura como de tratado o ensayo
musical.
A sus pies se lee: “Giulio Ricordi ha diffuso nel mondo l´opera
italiana”
Sin
irnos aún de la zona de la Scala, fijamos la vista al frente para contemplar el
memorial de otra de las figuras relevantes en la ciudad. En la piazza Leonardo
da Vinci, se halla un monumento conmemorativo de este irrepetible hombre del
Renacimiento, pintor, inventor, ingeniero y músico, y de quien a día de hoy aún
quedan huellas de su paso por la ciudad, como es su impresionante Cenacolo, o en español: la última cena, que tanto simbolismo
esconde entre sus estudiados trazos, y donde el pintor jugó de una manera
espléndida con la perspectiva. Esta localización se alza en medio de la zona opulenta
de la ciudad, siendo circundada, en cada uno de sus puntos cardinales, por tres
palacios y la Scala, lo que le otorgan a la plaza de un escenario altamente novelesco
y formidable.
Il Cenacolo, una de las obras pictóricas
más reconocidas en todo el mundo. Un consejo, compra la entrada con meses de antelación, porque se agotan bastante rápido.
La piazza Leonardo da Vinci de noche
2) Sin
embargo, volveremos sobre este personaje más adelante. De momento seguimos
caminando, cruzando la plaza que lleva su nombre y dejando su estatua a la
izquierda, para terminar adentrándonos en la Galleria
Vittorio Emanuele II, arteria comercial de Milán, y por donde corre gran parte del flujo
pecuniario que alimenta al músculo emprendedor de la ciudad.
Interior de la galería en Navidad.
Esta
construcción está formada
por dos arcadas perpendiculares con bóveda de vidrio que se cruzan formando un
octógono, silencioso
espectador bajo el que se entrelazan los caminos de centenares de viandantes.
La bóveda de vidrio de la galería
Cruzamos
toda la galería, hasta salir por el lado opuesto al que entramos, para
encontrar una explanada enorme.
La galería vista desde la plaza del duomo
3) Nada
más salir a la plaza que hay en el extremo contrario de la galería, un edificio
atrae toda la atención y las miradas del vulgo: la catedral gótica de Milán. Su imponente aspecto exterior está configurado por las
más de noventa gárgolas y ciento treinta agujas que se levantan
vertiginosas hacia lo alto y apuntan decorosamente al cielo. Pero la atracción
que levanta en el público no procede solamente de su particular fachada, pues el blanco níveo del
mármol de Candoglia con que se construyó, resplandece como si brillara por sí
misma con luz divina, atrayendo hacia su interior a turistas y creyentes, a
pesar de las largas colas que se tienen que realizar para lograr ingresar.
Las agujas de la catedral perdiéndose en la noche
Puestos de navidad por fuera de la catedral, en los que puedes
disfrutar de numerosos y riquísimos productos locales.
Ordenando el puesto de navidad
Y es
que para entrar necesitas realizar varias colas:
La
primera, que se realiza con el objetivo de hacerte con uno de los preciados tickets,
se encuentra en un edificio a mano derecha de la catedral, justo al lado del
palacio real. Un consejo que os doy, es que optéis por sacar los billetes en
las máquinas self services que están
dentro y te olvides de las ventanillas, que van más lentas que un anciano con
un chicle pegado en el zapato.
Luego,
ya con el ticket en la mano, dirígete a la segunda cola, que está en la puerta
derecha de la fachada de la Catedral, la de la izquierda no, que es solo para
rezar y no puedes hacer fotografías. Ya dentro del templo, somos transportados
a un territorio totalmente diferente del de la Scala, seguimos en una opulencia
absoluta pero ahora no encaminada a un aspecto hedonista, sino a la exaltación
de dios y de la fe. También el ambiente sonoro se torna completamente
diferente, los ecos que resuenan entre estas ornamentadas paredes no son
aquellas cuidadas óperas que nacían de mentes con nombre propio, no, ahora nos
hallamos en una época de anonimato, en la que el individuo no primaba, sino
únicamente la inteligibilidad de un mensaje enviado por medio del canto llano.
Nave central de la catedral
Su
interior presenta un aspecto
estilizado y amplio. Verticalmente, esto lo consigue gracias a las
largas columnas de mármol que recorren toda su superficie, y que son
rematadas por doseles esculpidos con estatuas. Por otro lado, horizontalmente
logra esa amplitud gracias al número de naves que posee: una ancha central y
dos laterales a cada lado de esta, lo que suma un total de cinco. Además, las
laterales están coronadas por bóvedas de crucería simple con unos paños
profusamente decorados.
Asimismo, el interior de esta catedral es todo un
museo de arte sacro. Entre todas estas columnas se encuentran colgados un gran número
de cuadros que representan diferentes escenas religiosas, además de todas las
estatuas que contiene. Entre estas últimas sobresale la que se ha convertido en
uno de los elementos más llamativos de la catedral: la estatua de
Bartolomé el Apóstol, patrón de los curtidores, en la que aparece
desollado
y con la piel arrancada colgando sobre sus hombros, en referencia
al martirio que sufrió.
Estatua
de Bartolomé el apóstol, en cuya base se lee, en un acto de modestia por parte
del artista…, “Non me Praxiteles, sed
Marc' finxit Agrat”, (no me hizo Praxíteles, sino Marco d'Agrate)
Fotografía
del presbiterio, en la que se aprecian los dos órganos situados en el coro
norte
El deambulatorio de esta catedral es un sitio
perfecto para caminar escuchando únicamente el eco de tus pasos y regalarle a
tu vista el espectáculo de luz y de color que surge de los tres inmensos
ventanales con vidrieras del ábside, considerados los más altos del mundo.
Estos dibujan sus contornos sobre la blanca piedra, como si se trataran de
pintores trabajando ante un lienzo virgen.
Dentro
de la catedral aún hay lugar para una sorpresa más: bajando unas escaleras
justo al lado de la fachada, hay un área arqueológica que te transporta al s. IV
de nuestra era. Estas conducen hasta un baptisterio paleocristiano de tiempos
de San Ambrosio, patrón de la ciudad y otro de los personajes que nos acompañarán
por nuestro paseo musical, pues este obispo de Milán fue tan importante para el
establecimiento de la liturgia local paleocristiana que esta se conoce, en su honor,
como ambrosiana. Además, fue el primero en introducir influencias bizantinas en
la liturgia occidental, al fomentar la práctica del himno y del canto antifonal.
Lo
más sorprendente de este enclave se halla en su justo corazón, los restos de
una gran pila bautismal octogonal en la que se dice que San Ambrosio bautizó a
San Agustín en el año 387.
Los restos de la gran pila bautismal octogonal
Este
personaje, además, nos sirve para transportarnos hacia la siguiente parada de
nuestra ruta: El Castello Sforzesco: donde puedes “ponerle cara”, ya que
existen varias iconografías sobre él en el Museo de Arte Antiguo que alberga el interior del castillo,
donde también encontrarás frescos de la familia Sforza y esculturas de
gran valor pertenecientes a la Antigüedad, el Medievo y el Renacimiento.
4) Este
monumental y hermético complejo nos saluda ya desde la lejanía gracias a su
esbelta Torre
del Filarete, que
se alza sobre el resto de edificaciones haciendo un dueto perfecto con la
circular Fontana
di Piazza Castello.
El Castelo desde la lejanía
El dueto entre Torre y Fontana
Su
característico color rojizo, que contrasta con el blanco marmoleo de la
catedral, es debido al principal material con el que se erigió: el ladrillo. Desde
su exterior nos vigilan sus orgullosas torres de planta redonda (que nos
recuerdan al castillo de Invernalia de la famosa serie televisiva Juego de tronos) y cuadrada.
Torre del Filarete
Una
vez pasadas las murallas, se accede a un extenso patio, núcleo del complejo y
arteria principal que comunica con las demás secciones del castillo, que en la
actualizad albergan siete museos especializados, y numerosas galerías, en los
que se reúnen interesantes fragmentos de la cultura histórica ciudadana y
cívica de la ciudad de Milán.
Panorámica desde el interior de las murallas
Como ya
hemos indicado, dentro de uno de esos siete museos del complejo: el Museo de Arte Antiguo, podemos hallar tres piezas de
incalculable valor y realizadas en distintas épocas, que son protagonizadas por
el patrón de la ciudad: San Ambrosio.
Bello ejemplar románico de tabernáculo
votivo de San Ambrosio (S. XII)
Relieve con figura de San
Ambrosio del S. XIV
Estandarte de la comuna de
Milán con la figura de su patrono: S. Ambrosio (S. XVI)
Además,
también podemos encontrar interesantísima iconografía musical del medievo en la
que se pueden vislumbrar distintos instrumentos de cuerda.
Fragmento de un sarcófago del S.
IV en el que se puede vislumbrar la forma de una lira
Hermoso ejemplar de sarcófago
Friso trasero del sarcófago
anterior, en el que hay ángeles músicos portando órgano portativo, salterio,
fídula y laúd.
Fresco del techo de la capilla ducal con ejemplos de ángeles músicos portando añafiles, fídulas, panderos y
laúdes.
En el Museo del Mueble
y de la Escultura en madera (Museo dei Mobili e delle Sculture Lignee) también
podemos encontrar algunos interesantes tapices con iconografía musical, pero
pertenecientes a épocas más cercanas, además de ciertos instrumentos musicales
con gran valor decorativo.
Mitigat homines temperat feras deos placat. Con
representaciones de zanfona, triángulo, bombarda, laúd, arpa gótica, viola da
braccio y viola da gamba
Quid quae te foveant mavors fere conteris artes. Con
representaciones de laúd, viola da gamba, órgano positivo y flauta travesera
Philosophia rerum doceo cognoscere causas
Olifante profusamente decorado con motivos de caza
Laúd fabricado con un caparazón de tortuga.
Una
vez en la Pinacoteca, vemos una exposición que abarca una cronología que recorre
desde el siglo XV hasta el XVIII. De su colección destacaremos, por su valor
musical y organológico, además de artístico: Luigi Amidani, Apollo e Marsia (c. 1630), Giovanni
Stefano Doneda, Apollo e Marsia (c.
1665), Carlo Amalfi, Famiglia di musici
(c.1760).
Luigi Amidani, Apollo
e Marsia (c. 1630). La escena describe el momento en el que Apolo desuella
al sátiro Marsias tras perder el concurso de música al que había retado al
dios.
Giovanni Stefano Doneda, Apollo e Marsia (c. 1665)
Carlo Amalfi, Famiglia
di musici (c.1760)
Todas
estas obras nos sirven para abrir boca y dirigirnos, ya predispuestos, hacia el
museo que más nos apetecía visitar de entre los siete que alberga el castillo:
El museo de instrumentos musicales, que se abre con un pasillo poblado por
fantásticas vitrinas de guitarras y mandolinas que dan paso a una sala
espectacular, la de instrumentos de todo el mundo, en la que hallarás las
rarezas más insospechadas en el arte de la creación de objetos sonoros.
Guitarra de nueve cuerdas de Innocente Rottola (1906)
Guitarra con dos mandolinas napolitanas de Innocente Rottola (1906)
Tres arpas africanas
Cordófono frotado
Erhu, el violín chino
Gekkin, tipo de laúd redondo y plano con mango corto
Tipo laúd 1
Tipo laúd 2
Rareza de 12 cuerdas
Chitarrone, con mástil nacarado y trastes sobre la tapa armónica
Mandolina napolitana
Detalle de los registros de un órgano positivo
Violas da gamba baja
Zanfona, una de mis debilidades
Estudio de grabación con las últimas tecnologías
A
través de las distintas salas conoceremos cómo se han concebido los
instrumentos musicales a lo largo de la historia, hasta llegar a una acondicionada
para ofrecer conciertos. Un piano en el centro focal, las paredes cubiertas por
tapices y sillas dispuestas para los espectadores, un lugar perfecto para
disfrutar de veladas concertísticas.
Otra
pieza que contiene la colección del Castello y es de obligatoria mención, por
su relevancia en la historia del arte y ser una de las obras más importantes del
conjunto, es la Pietá Rondanini, último e inacabado trabajo de
Miguel Ángel, que se halla expuesta, entre frescos, en el vestíbulo del
Ospedale Spagnolo (Hospital Español) del castillo.
Miguel Ángel: Pietá Rondanini
5) Una
vez fuera del complejo y en dirección norte, se halla una vasta zona verde, el
parque Sempione, el auténtico pulmón de Milán, que contiene estanques, puentes,
patos, una variada vegetación, caminos de tierra y todo lo que necesita, para
el disfrute, cualquier amante de los largos y tranquilos paseos.
La vasta extensión del parque con el arco della Pace al fondo
Puente sobre un lago





































































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